close
gopr4232

¿Viajar para perderse o viajar para encontrarse? Hace un tiempo que estas preguntas me dan vueltas en la cabeza, puede deberse a que cada vez más seguido escucho a las personas, decir “estoy planeando un viaje”, “me voy”, “es el momento de hacerlo”, “necesito un tiempo para mí” etc. Y ahí es cuando pienso ¿Qué es lo que impulsa a una persona a emprender un viaje? Las razones por las que alguien decide viajar, son tan diversas como personas hay en el mundo, pero en el fondo parece que debido a los avatares de la vida misma, o a la vorágine de la rutina, son cada vez más, aquellos que eligen irse por un tiempo.
¿Nunca les pasó estar tan “en la rosca” que no tienen tiempo de detenerse ni un minuto a pensar en lo que fue su día? O llegar al final de jornada y decir ¿Disfruté realmente algo de lo que hice hoy? Acá no estoy poniendo en tela de juicio cuestiones tan trascendentes como lo son el concepto de felicidad y demás, voy a algo mucho más sencillo, a ese sentirse como en “modo automático”  y que muchas veces no nos permite ni siquiera escucharnos a nosotros mismos y conectar con lo que nos pasa. ¿Qué estamos sintiendo? ¿Qué me provoca tal o cual cosa? La rutina en sí misma muchas veces nos tiene como anestesiados.

mochi1

Tomar distancia…

Tomar distancia de una situación que nos molesta o nos hace sentir mal puede ayudar a que la veamos desde otra perspectiva y así cambiar la postura frente a la misma. Está en nuestras manos decidir cómo vamos a afrontar un cambio o una circunstancia que la vida nos pone enfrente. Una manera cada vez más común de tomar distancia, es viajando. Viajar no solamente implica un movimiento geográfico de un lugar a otro, también trae consigo un movimiento interno y que no necesariamente se mide en kilómetros. Tampoco existe un modo de medir ese movimiento más allá de observar cómo nos sentíamos antes de ese viaje y cómo nos sentimos al volver del mismo. Mi experiencia personal y la de otros viajeros con quienes he tenido la suerte de cruzarme, me dice que un viaje moviliza de todo a nivel interno. Por ahí nos conmueven cosas que habitualmente ni siquiera llamaban nuestra atención, o nos enojan otras que no teníamos ni idea que podían llegar a molestarnos, todas las emociones parecen estar a flor de piel durante un viaje. Personalmente creo que esto tiene que ver, con que un viaje puede considerarse algo así como una “ventana de oportunidades”, para animarse a sentir y experimentar cosas que solamente se logran viajando y saliendo de nuestra zona de confort.

Viajar para llenar un vacío… 

¿Quién nunca experimentó una sensación de vacío? De esas no tan sencillas de explicar, pero que son parte de este tránsito a través de la vida misma. Creo que si somos capaces de conectar con ellas, seguramente podamos usarlas para trascender y ver un poco más allá de todo. Hay muchas maneras de llenar un vacío, pero por lo general las que suelen “vendernos” son bastante efímeras. Por ejemplo, llenar un vacío comprando el mejor de los celulares o la última colección de ropa de determinada marca, te hace sentir bien por unos días, pero esa sensación de satisfacción no se sostiene en el tiempo y generalmente vamos por más.  Ahora ¿qué pasa con aquellos que buscan llenar ese vacío viajando? Un viaje es el terreno ideal para conectar con todas aquellas cosas que nos preocupan o nos tienen mal y poder verlas desde una perspectiva mucho más amplia. Sucede que en la rutina diaria, es más difícil correr el foco de nuestros problemas, porque está esa tendencia a hacer siempre lo mismo de la misma manera y si no nos encargamos nosotros mismos de ponerle emoción a cada día, la rutina nos hace sentir muchas veces incompletos. Viajar nos conecta constantemente con situaciones nuevas y lo mejor de todo es que muchas veces ¡son de una sencillez tremenda! Tomarse una cerveza que nunca probamos contemplando un paisaje nuevo puede ser una de ellas, conversar en un idioma que no conocemos del todo, improvisando o entendiéndonos a través de gestos, probar una comida típica y que además nos guste, hablar de temas profundos con alguien a quien ni siquiera estamos seguros de volver a ver. Todas estas situaciones, pueden conectarnos con nosotros mismos de una manera novedosa.

20160819_100023

Viajar para ser protagonistas de nuestra propia historia…

Tal vez esto debería ser así siempre, pero no es tan sencillo. La vida nos va llevando por rumbos, que muchas veces aceptamos como elecciones propias si cuestionárnoslas demasiado ¿no?,  parece ser que de esto habló Steve Jobs cuando dijo:

“Cada día me miro al espejo y me pregunto, si hoy fuese el último día de mi vida ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es “No” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo” (Jobs, 2005)

cadadia

Cada tanto deberíamos hacer una pausa y cuestionarnos eso que únicamente nosotros podemos responder, ¿estoy donde quiero estar? ¿Soy quien quiero ser? Mientras estamos de viaje, tomamos distancia de lo conocido y de lo que nos mantiene encasillados y es ahí cuando un viaje se vuelve revelador y nos permite darnos cuenta de cosas sobre nosotros mismos que estaban silenciadas por la rutina, por las costumbres y por ese no animarnos a ver “qué puede pasar si”. Claro que depende del lugar al que se viaje, pero muchas veces el silencio de una montaña, contemplar un volcán en el medio del desierto o una caminata a través de la selva, pueden ser paisajes que contribuyan a una experiencia completamente renovadora. ¿Cuántas veces en el día a día estamos en silencio? El ruido constante de una ciudad o sencillamente de las personas que nos rodean, no nos permite contactar con nuestro interior. En un viaje es como si tuviésemos más tiempo para pensarnos, para encontrarnos en situaciones nuevas, con gente distinta, lugares y comidas que nos sorprenden y esto inevitablemente moviliza de alguna manera nuestras fibras y nos pone frente a cuestionamientos muchas veces profundos y que no estamos habituados a escuchar. Puede pasar que esto al principio nos resulte molesto, es por eso que siempre digo: un viaje saca lo peor y lo mejor de nosotros mismos. Pero para llegar a lo mejor de nosotros, es necesario haber atravesado nuestras peores facetas, ya sea para aprender y no volver a repetirlas o para aceptarlas como algo que nos constituye y seguir adelante con ellas sin querer callarlas.

Entonces…

Viajar nos hace vivir cada cosa como si fuera la primera vez, y eso nos emociona y nos mueve a querer hacerlo una y otra vez. ¿Si da miedo? Claro que sí, puede generar miedo y ansiedad. Pero creo que si eso pasa, es porque estamos camino al cambio. No hay cambio que no genere miedo, no hay cambio que no genere ansiedad. En definitiva es lanzarse a lo desconocido.

Viajar nos cambia y nos da esa sensación de habernos reiniciado desde cero. Nunca somos los mismos luego de volver de un viaje, no importa el lugar, no importa el tiempo, la cuestión es irse y moverse, no sólo geográficamente sino internamente también.

Viajar nos desafía a cada instante, a un nuevo rumbo, una forma diferente de ver las cosas y de vernos a nosotros mismos. No importa donde, la cuestión está en ser y dejar que las cosas pasen. No querer tenerlo todo bajo control es la regla de oro, y no necesariamente para perderse, sino para encontrarse.

Post por Mai Zubillaga.

 

Tags : encontrarsefrases de viajesinspiracioninspiración viajeramiedo a viajarmotivaciónSteve Jobsviajarviajar a sudaméricaviajar en grupoviajar es encontrarseviajar inspiraviaje en grupoviajes en grupo
fueradelapecera

The author fueradelapecera

Leave a Response