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Las personas que deciden salir de su pecera y viajar y cambiar, cruzan un umbral que les permite mejorar como personas en todos los aspectos.
Esto es algo que como coordinador de viajes en grupo he comprobado a través de cada viajero con el que he compartido aventuras. Siempre vuelven con nuevas visiones y más ganas de vivir.

De alguna forma cuando se entra en contacto con un lugar nuevo se encienden un montón de componentes dentro nuestro. Aquellos que de pronto se nos había olvidado que formaban parte de nosotros, o simplemente descubrimos facetas nuevas que no sabíamos que existían.

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                                                                      Cruzando a Buenos Aires – oficina móvil en el barco

Lo más extraño es que pueden pasar años sin que nos demos cuenta que es lo que nos está faltando, por el simple hecho de no descubrir y estimular el cerebro frente a otros escenarios.

Créeme, de alguna manera, ver las mismas caras, los mismos objetos, frecuentar los mismos lugares, dormir en la misma cama, respirar el mismo aire, provoca cierta ceguera de exploración, ideas y revolución.

Probablemente porque muchas de estas cosas estén asociadas a otras etapas del pasado, y en realidad la vida siempre se está actualizando, siempre está cambiando, ¿porqué esperar para experimentar cosas nuevas? ¿porque no arriesgarse a cambiar?

Empezar por la cultura viva

Cada vez que me introduzco en alguna ciudad del extranjero por lo general suelo tener una conversación con el conductor de cualquiera sea el transporte que tome para llegar a mi primer parada.

En la mayoría de los casos se muestran abiertos a conversar, y siempre te enteras de alguna actualidad de la ciudad. Y si tenés un poco más de suerte y le caés bien, hasta te terminan pasando algún tip para llegar a algún lado o visitar algún lugar especial.

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Entrando en la gran ciudad

Sobre todo en Buenos Aires, donde los “tacheros” (como le decímos en Uruguay a los conductores de taxi) se las saben todas.

Íbamos con Cami sentados atrás mientras hablábamos con el taxista.
– El Úber acá no marcha, nosotros tenemos un sistema de taxis como en ningún otro lado – nos contaba moviendo las manos y mirándonos por el espejo retrovisor-.

– La semana pasada se presentó un Uber en la llegada de Colonia Expres, donde a nosotros nos marcan hora de llegada de los barcos hace años, y entre dos o tres tacheros le rompieron todo el auto. ¿Sabés cuantos casos tuvo que hacerse cargo Uber de este tipo, pibe? ¡Platales!

– Ya no quieren saber más nada – Nos decía y nos marcaba con la mano en la parte posterior del asiento – Ves, ves, ahí tenés todo. Mi nombre, foto, número de placa, dueño de taxi, ¡todo!

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Mientras yo miraba por la ventana. Los rayos de sol brillaban sobre los miles de autos que circulaban por Av 9 de Julio.

Por dentro yo pensaba – Mirá todo lo que está pasando por acá y mientras yo estoy en Uruguay ni me entero – Una ciudad 20 veces más grande que la mía, frenética por donde se la mire, repleta de parques y monumentos, miles de personas que van y vienen, rascacielos alcanzando las nubes.

Viajar y cambiar

Ya me encontraba fuera de mi pecera, hacían unos minutos habíamos llegado y ya estaba viendo panoramas tan diferentes a los que veo en casa que inmediatamente empecé a disfrutar del mundo más amplio que se ve al viajar, cambié mi sintonía.

Eso es lo tan valioso de viajar, crucé el umbral.  

Mientras, el conductor nos seguía contando – En la calle hay códigos, ¿ven aquel pasajero allá enfrente esperando un taxi? Yo no lo puedo levantar, porque le corresponde a ese taxi que va allá.

– Como yo tengo la luz roja quiere decir que a mí no me toca; al menos que el me elija, porque eso lo hacen mucho los turistas, te miran la cara, el auto, y se suben al que mejor les parece.

– Si lo levanto de vivo, conozco varios tacheros que me saldrían a perseguir y hasta podrían reclamar que el pasajero se baje y se cambié de auto.

Con Cami nos miramos con un gesto de sorpresa – bienvenida a la verdadera jungla de cemento– le dije.

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¡Qué lindo es Buenos Aires! sobre todo desde arriba – pensé una vez alojados en el Hostel. Nos instalamos en uno ubicado en el piso 10 de un edificio antiguo de la calle Hipólito Yrigoyen.

De esos que tienen ascensores a la vista, manuales y con puerta enrejada. Por un momento me hizo acordar a alguna película de Ricardo Darín, el contexto de lo que pasaba ahi adentro era idéntico 🙂

Si vas a Buenos Aires te recomiendo parar en la zona de Congreso.

Siempre vamos ahí porque es un barrio más popular que otros. Entonces podés comer al precio de los trabajadores a la vez que tenés todas las conexiones de transporte.

Lo otro que hay que tener en cuenta al estar fuera de la pecera en Buenos Aires es que te cuides con los precios.

Como siempre los comerciantes se avivan frente a la ignorancia de los viajeros. Aparte, el porteño es avispado y sabe captar a la legua a un extranjero, entonces se pasan cambiando los precios a su gusto.

Sobre todo pasa en los kioscos de las zonas turísticas. La solución: comprar en supermercado.

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A la noche comimos unas pizas en La Continental. Uno de los lugares donde comimos cuando filmamos The Real Me y una de las pizzas que más me gustan. Se le corre la muzzarela hasta el plato ¡es increíble!

Al otro día luego de dar las reuniones que teníamos programadas, estábamos cansados y la idea era dormir temprano para recorrer al otro día.

Pero como nada nos motiva más que una rotura de planes para dar lugar a la magia de la improvisación, salimos de gira a las 18 hs hasta que la ciudad nos pare.

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El viajero lo sabe muy bien. En cualquier tipo de viaje hay que dar lugar a la espontaneidad, siempre te premia. Y esa no fué la excepción.

Aventura urbana

Cuando salimos del Hostel, a dos cuadras nos encontramos con Celeste, una amiga con la que compartimos un viaje en grupo.

Fué una alegría verla, y además, nos dió la tarjeta SUBE que yo me la había olvidado en Uruguay (fundamental para moverse en Bs As tanto en metro como en bus, sin ella, no hay transporte público).

Y como lo más lindo de moverse sin estructuras es que la alimenten los actores que van apareciendo, le cargamos 100 ARS a la tarjeta para movernos para todos lados.

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No sería el mismo invierno sin una caminata por corrientes pensé. Los neones gigantes de los espectáculos, las cafeterías con sus mesas a la calle, las pizzerías con los porteños comiendo parados, los revisteros dando consejos a los viajeros variopintos y el aire fresco en la cara.

Buenos Aires se parece a Madrid – pensamos ahora. Tiene esa vida potenciada en sus calles, a la gente le gusta pasear por la calle, conversar, compartir una comida.

El bus nos dejó en nuestra primer parada: Teatro La Plaza. Un lugar donde se pueden ver variedad de obras de teatro.
Como era martes, no pudimos ver nada pero entonces agarramos un mapa y elegimos el próximo punto: San Telmo. Y no pudo ser mejor.

Nota: El teatro en Bs As funciona más que nada a partir de los miércoles. Y no tenés porque ir solo a los de corrientes. Si buscás teatro alternativo te recomiendo un sitio que se llama Alternativa Teatral

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Después seguimos la gira improvisada en el moderno Metrobus que hasta el momento no habíamos conocido.

Como era día entre semana estaban todos los buses vacíos e invitaban a recorrer el Buenos Aires nocturno a lo largo y ancho, sin la mínima incomodidad.

El instinto dijo San Telmo y ahí fuimos a recorrer sus callejones llenos de arte y su movida bohemia.

Gira de bares

Hicimos gira de bares, entre ellos “Puerta Roja” y “Gibraltar”, este último con todas sus paredes de madera lustrada estilo antiguo y su ambiente muy cálido fué uno de los más lindos.

Acompañó el momento una cerveza Patagonia bien fría.

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A partir de la gira de bares, no fué sino una historia a tras de otra. Mientras recorremos nuevas calles, ver y conocer nuevas caras, esperar el trasporte en diferentes paradas, resolver cierto tipo de situaciones inesperadas, sentir otro aire refrescar tu cara, y lo mejor de todo, fluír absolutamente como un pájaro en terreno nuevo.

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De San Telmo tomamos metro bus a recoleta donde recorrimos más bares y o causalidad, nos encontramos con Carina, otra de Uruguay que participó del mismo viaje que Celeste, increíble.

¿Cuáles son las posibilidades de que te encuentres a dos personas que conocés del mismo lado en una recorrida improvisada y aleatoria? Solo te puede pasar viajando.

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Más tarde cuando volvíamos al Hostel nos encontramos con un colombiano en la parada que esperaba el mismo bus que nosotros.

Como muchos otros, había emigrado de Colombia en busca de mejor empleo y estudios. Conversamos tanto con él que nos olvidamos del bus hasta que luego de una hora pasó una señora que nos avisó que la línea estaba de paro.

Compartimos un taxi hacia el mismo lado.

Al otro día, soleado, luego de un almuerzo económico en una plaza, decidimos ir al Jardín Japonés. ¡No vayan! Es aburrido, pero al menos estuvimos en calma en un lindo parque, un poco aislados del frenesí de las calles.

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A la vuelta hicimos lo que sabíamos que no teníamos que hacer, pero a veces aparece el bichito de la picardía y te mandás en busca de un poco de adrenalina. ¿Qué fué? Tomar la línea B del subte en hora pico 😬😬

Bajábamos por un túnel en un escalera mecánica tapada de gente.

Al frente no era más que un mar de personas intentando pasar a los forsejeos. Con un poco de ímpetu llegamos a los andenes donde estaban todos los accesos tapados de gente esperando para entrar a subte.

Y lo peor de todo es cuando se abren las puertas y los de adentro luchando por salir y los de afuera luchando por entrar.
Algo que yo ya había experimentado en Medellín de la misma manera. Ver esto es impactante, te hace pensar.

Cuando veo situaciones caóticas en las grande ciudades siempre me cuestiono lo mismo: ¿hasta que punto estamos hechos para vivir una vida rutinaria y monótona? ¿ no será que nos hemos equivocado de camino? ¿Hasta que punto tenemos que pagar invirtiendo nuestro tiempo en sobrevivir? A veces pareciera que sobrevivimos en lugar de disfrutar de la vida.

Cruzar el umbral de viajar te ayuda a generar mayor conciencia, que sin dudas es lo que más le falta a las personas. Ver otras realidades y cambiar de aires, te permite tener una mejor perspectiva del mundo en que vivimos.

 

 

German Ali

The author German Ali

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