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Uyuni Mai 2

Todo viajero sabe que viajar también significa volver.  ¿Qué cosas suceden al volver de un viaje? Parece sencillo pensar en esto, porque cualquiera diría: “siempre se vuelve feliz de un viaje” y en parte es cierto, porque todo viaje implica nuevas experiencias y desafíos constantes.

Todo esto es genial mientras está sucediendo, ¿pero qué pasa cuando uno vuelve a la rutina, a lo establecido y la zona de confort? Los sentimientos suelen ser encontrados, está la felicidad del reencuentro con  personas que extrañamos, pero también surge la sensación de una “re conexión forzada” a cosas en las que durante un viaje no pensamos.

AL VOLVER DE UN VIAJE SEGUIMOS EN “MODO AVIÓN”

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Cuando estamos de viaje, los problemas y preocupaciones cotidianos parecen estar muy lejanos. Es como pudiésemos desconectarnos y tomar distancia de ellos. Estamos casi completamente desconectados (digo “casi” porque depende de cada uno). Nuestra cabeza está puesta en “vivir el momento”. Las preocupaciones mientras viajamos  pueden ser, qué transporte conseguir, dónde comer o dónde pasar la noche etc. Al volver de un viaje, la rutina muchas veces nos espera con los brazos abiertos y ahí se produce el primero de los choques con “la realidad”.

Consejo número uno: revivir y recordar cada momento del viaje y empezar a planear el próximo. Hacer pequeños cambios en nuestro día a día, que nos acerquen más a dónde queremos estar.

TODO PARECE SUCEDER EN MODO “SLOW”

 

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Viajando, los tiempos son otros. Los horarios no son los habituales y eso genera que nuestra vida por momentos parezca un tanto “desorganizada”. Esto puede tener que ver con que estamos todo el tiempo frente a nuevos estímulos y eso nos hace estar constantemente en acción.

Cuando volvemos a la rutina habitual, todo está igual que antes y la vida parece menos vertiginosa. Esto puede desmotivarnos, pero es bueno pensar que también es sano estar así cada tanto. Esos momentos de más quietud y tranquilidad ayudan para pensar, conectarse con lo vivido en el viaje y también considerar los cambios que se han generado en nosotros mismos.

Consejo número dos: date el tiempo para “bajar a tierra”, eso también es necesario y sano cada tanto.

“NO ES LA PERSONA LA QUE HACE EL VIAJE, EL VIAJE HACE A LA PERSONA”

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Viajar nos renueva, nos sentimos diferentes, motivados y con más energía. Va en cada uno hacer de esto un cambio, o volver a los mismos esquemas de antes. Los viajes tienen la particularidad de ampliar nuestros horizontes, ponernos en contacto con otras culturas, cotidianidades, formas de ser y estar en el mundo de diferentes personas. Capitalizar lo aprendido en un viaje, nos permite tomar contacto con las experiencias vividas y realizar cambios en nosotros. ¿Nunca les pasó volver de un viaje con ganas de hacer cosas nuevas?

Consejo número tres: aprovechar ese impulso ¡No lo dejes pasar! Explótalo al máximo, para inspirarte, inspirar a otros, aprender, crear y seguir creando. La vuelta de un viaje es una gran “ventana de oportunidades” para el cambio.

EL VIAJE NO TERMINA CUANDO NOS BAJAMOS DEL AVIÓN

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El viaje en lo concreto, termina cuando escuchamos por los parlantes del avión “Estamos próximos al aterrizaje, la temperatura en la ciudad X es de X grados”, pero allí comienza otra etapa, la de compartir vivencias, revivir momentos y darnos cuenta de cuánto hemos cambiado y que seguramente no somos la misma persona que partió. Este tránsito también es parte del viaje.

Consejo número cuatro: no perder del todo el “modo viajero”. Éste una forma de vida, de pensar el mundo y entender que siempre hay algo por conocer, que está allí afuera pero también dentro de nosotros mismos. El “hambre de mundo”, es también de conocimiento, de movimiento constante, de intentar ir más allá de nuestros límites y eso podemos hacerlo día a día J

NO TODOS VIAJAMOS DE LA MISMA MANERA

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Cada uno viajará a su modo, con sus ganas y objetivos. Escucharnos a nosotros mismos y seguir lo que dicta nuestra intuición, es vital para que un viaje sea un éxito en todo sentido. La cuestión está en animarse, salir, ver más allá de nuestras propias paredes y convencernos de siempre se puede cambiar, el inicio es proponérselo y trabajar para que eso suceda.

Sea cual sea el viaje e independientemente del destino y la duración del mismo, algo internamente se mueve y eso hace que todo valga la pena. Algo de esto menciono en un post anterior: ¿Viajar para perderse? o ¿Viajar para encontrarse?

Consejo número cinco: nunca dejes de pensar en viajar, eso te mantendrá encendido y motivado, incluso en tu día a día. Si no tenés un plan, ármalo en tu mente y empezá a concretarlo, vizualizarlo y no parar hasta estar donde quieras estar.

EN DEFINITIVA, NO HAY QUE TEMERLE A LA VUELTA DE UN VIAJE, PUEDE HACERSE DE ELLA ALGO MUY DISFRUTABLE Y TENÉ EN CUENTA QUE SIEMPRE SE PUEDE VOLVER A PARTIR ¡QUE SIGA EL VIAJE! 🙂

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Maia Zubillaga

The author Maia Zubillaga

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