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Viajar y cruzar el umbral del cambio

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Las personas que deciden salir de su pecera y viajar y cambiar, cruzan un umbral que les permite mejorar como personas en todos los aspectos.
Esto es algo que como coordinador de viajes en grupo he comprobado a través de cada viajero con el que he compartido aventuras. Siempre vuelven con nuevas visiones y más ganas de vivir.

De alguna forma cuando se entra en contacto con un lugar nuevo se encienden un montón de componentes dentro nuestro. Aquellos que de pronto se nos había olvidado que formaban parte de nosotros, o simplemente descubrimos facetas nuevas que no sabíamos que existían.

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                                                                      Cruzando a Buenos Aires – oficina móvil en el barco

Lo más extraño es que pueden pasar años sin que nos demos cuenta que es lo que nos está faltando, por el simple hecho de no descubrir y estimular el cerebro frente a otros escenarios.

Créeme, de alguna manera, ver las mismas caras, los mismos objetos, frecuentar los mismos lugares, dormir en la misma cama, respirar el mismo aire, provoca cierta ceguera de exploración, ideas y revolución.

Probablemente porque muchas de estas cosas estén asociadas a otras etapas del pasado, y en realidad la vida siempre se está actualizando, siempre está cambiando, ¿porqué esperar para experimentar cosas nuevas? ¿porque no arriesgarse a cambiar?

Empezar por la cultura viva

Cada vez que me introduzco en alguna ciudad del extranjero por lo general suelo tener una conversación con el conductor de cualquiera sea el transporte que tome para llegar a mi primer parada.

En la mayoría de los casos se muestran abiertos a conversar, y siempre te enteras de alguna actualidad de la ciudad. Y si tenés un poco más de suerte y le caés bien, hasta te terminan pasando algún tip para llegar a algún lado o visitar algún lugar especial.

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Entrando en la gran ciudad

Sobre todo en Buenos Aires, donde los “tacheros” (como le decímos en Uruguay a los conductores de taxi) se las saben todas.

Íbamos con Cami sentados atrás mientras hablábamos con el taxista.
– El Úber acá no marcha, nosotros tenemos un sistema de taxis como en ningún otro lado – nos contaba moviendo las manos y mirándonos por el espejo retrovisor-.

– La semana pasada se presentó un Uber en la llegada de Colonia Expres, donde a nosotros nos marcan hora de llegada de los barcos hace años, y entre dos o tres tacheros le rompieron todo el auto. ¿Sabés cuantos casos tuvo que hacerse cargo Uber de este tipo, pibe? ¡Platales!

– Ya no quieren saber más nada – Nos decía y nos marcaba con la mano en la parte posterior del asiento – Ves, ves, ahí tenés todo. Mi nombre, foto, número de placa, dueño de taxi, ¡todo!

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Mientras yo miraba por la ventana. Los rayos de sol brillaban sobre los miles de autos que circulaban por Av 9 de Julio.

Por dentro yo pensaba – Mirá todo lo que está pasando por acá y mientras yo estoy en Uruguay ni me entero – Una ciudad 20 veces más grande que la mía, frenética por donde se la mire, repleta de parques y monumentos, miles de personas que van y vienen, rascacielos alcanzando las nubes.

Viajar y cambiar

Ya me encontraba fuera de mi pecera, hacían unos minutos habíamos llegado y ya estaba viendo panoramas tan diferentes a los que veo en casa que inmediatamente empecé a disfrutar del mundo más amplio que se ve al viajar, cambié mi sintonía.

Eso es lo tan valioso de viajar, crucé el umbral.  

Mientras, el conductor nos seguía contando – En la calle hay códigos, ¿ven aquel pasajero allá enfrente esperando un taxi? Yo no lo puedo levantar, porque le corresponde a ese taxi que va allá.

– Como yo tengo la luz roja quiere decir que a mí no me toca; al menos que el me elija, porque eso lo hacen mucho los turistas, te miran la cara, el auto, y se suben al que mejor les parece.

– Si lo levanto de vivo, conozco varios tacheros que me saldrían a perseguir y hasta podrían reclamar que el pasajero se baje y se cambié de auto.

Con Cami nos miramos con un gesto de sorpresa – bienvenida a la verdadera jungla de cemento– le dije.

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¡Qué lindo es Buenos Aires! sobre todo desde arriba – pensé una vez alojados en el Hostel. Nos instalamos en uno ubicado en el piso 10 de un edificio antiguo de la calle Hipólito Yrigoyen.

De esos que tienen ascensores a la vista, manuales y con puerta enrejada. Por un momento me hizo acordar a alguna película de Ricardo Darín, el contexto de lo que pasaba ahi adentro era idéntico 🙂

Si vas a Buenos Aires te recomiendo parar en la zona de Congreso.

Siempre vamos ahí porque es un barrio más popular que otros. Entonces podés comer al precio de los trabajadores a la vez que tenés todas las conexiones de transporte.

Lo otro que hay que tener en cuenta al estar fuera de la pecera en Buenos Aires es que te cuides con los precios.

Como siempre los comerciantes se avivan frente a la ignorancia de los viajeros. Aparte, el porteño es avispado y sabe captar a la legua a un extranjero, entonces se pasan cambiando los precios a su gusto.

Sobre todo pasa en los kioscos de las zonas turísticas. La solución: comprar en supermercado.

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A la noche comimos unas pizas en La Continental. Uno de los lugares donde comimos cuando filmamos The Real Me y una de las pizzas que más me gustan. Se le corre la muzzarela hasta el plato ¡es increíble!

Al otro día luego de dar las reuniones que teníamos programadas, estábamos cansados y la idea era dormir temprano para recorrer al otro día.

Pero como nada nos motiva más que una rotura de planes para dar lugar a la magia de la improvisación, salimos de gira a las 18 hs hasta que la ciudad nos pare.

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El viajero lo sabe muy bien. En cualquier tipo de viaje hay que dar lugar a la espontaneidad, siempre te premia. Y esa no fué la excepción.

Aventura urbana

Cuando salimos del Hostel, a dos cuadras nos encontramos con Celeste, una amiga con la que compartimos un viaje en grupo.

Fué una alegría verla, y además, nos dió la tarjeta SUBE que yo me la había olvidado en Uruguay (fundamental para moverse en Bs As tanto en metro como en bus, sin ella, no hay transporte público).

Y como lo más lindo de moverse sin estructuras es que la alimenten los actores que van apareciendo, le cargamos 100 ARS a la tarjeta para movernos para todos lados.

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No sería el mismo invierno sin una caminata por corrientes pensé. Los neones gigantes de los espectáculos, las cafeterías con sus mesas a la calle, las pizzerías con los porteños comiendo parados, los revisteros dando consejos a los viajeros variopintos y el aire fresco en la cara.

Buenos Aires se parece a Madrid – pensamos ahora. Tiene esa vida potenciada en sus calles, a la gente le gusta pasear por la calle, conversar, compartir una comida.

El bus nos dejó en nuestra primer parada: Teatro La Plaza. Un lugar donde se pueden ver variedad de obras de teatro.
Como era martes, no pudimos ver nada pero entonces agarramos un mapa y elegimos el próximo punto: San Telmo. Y no pudo ser mejor.

Nota: El teatro en Bs As funciona más que nada a partir de los miércoles. Y no tenés porque ir solo a los de corrientes. Si buscás teatro alternativo te recomiendo un sitio que se llama Alternativa Teatral

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Después seguimos la gira improvisada en el moderno Metrobus que hasta el momento no habíamos conocido.

Como era día entre semana estaban todos los buses vacíos e invitaban a recorrer el Buenos Aires nocturno a lo largo y ancho, sin la mínima incomodidad.

El instinto dijo San Telmo y ahí fuimos a recorrer sus callejones llenos de arte y su movida bohemia.

Gira de bares

Hicimos gira de bares, entre ellos “Puerta Roja” y “Gibraltar”, este último con todas sus paredes de madera lustrada estilo antiguo y su ambiente muy cálido fué uno de los más lindos.

Acompañó el momento una cerveza Patagonia bien fría.

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A partir de la gira de bares, no fué sino una historia a tras de otra. Mientras recorremos nuevas calles, ver y conocer nuevas caras, esperar el trasporte en diferentes paradas, resolver cierto tipo de situaciones inesperadas, sentir otro aire refrescar tu cara, y lo mejor de todo, fluír absolutamente como un pájaro en terreno nuevo.

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De San Telmo tomamos metro bus a recoleta donde recorrimos más bares y o causalidad, nos encontramos con Carina, otra de Uruguay que participó del mismo viaje que Celeste, increíble.

¿Cuáles son las posibilidades de que te encuentres a dos personas que conocés del mismo lado en una recorrida improvisada y aleatoria? Solo te puede pasar viajando.

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Más tarde cuando volvíamos al Hostel nos encontramos con un colombiano en la parada que esperaba el mismo bus que nosotros.

Como muchos otros, había emigrado de Colombia en busca de mejor empleo y estudios. Conversamos tanto con él que nos olvidamos del bus hasta que luego de una hora pasó una señora que nos avisó que la línea estaba de paro.

Compartimos un taxi hacia el mismo lado.

Al otro día, soleado, luego de un almuerzo económico en una plaza, decidimos ir al Jardín Japonés. ¡No vayan! Es aburrido, pero al menos estuvimos en calma en un lindo parque, un poco aislados del frenesí de las calles.

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A la vuelta hicimos lo que sabíamos que no teníamos que hacer, pero a veces aparece el bichito de la picardía y te mandás en busca de un poco de adrenalina. ¿Qué fué? Tomar la línea B del subte en hora pico 😬😬

Bajábamos por un túnel en un escalera mecánica tapada de gente.

Al frente no era más que un mar de personas intentando pasar a los forsejeos. Con un poco de ímpetu llegamos a los andenes donde estaban todos los accesos tapados de gente esperando para entrar a subte.

Y lo peor de todo es cuando se abren las puertas y los de adentro luchando por salir y los de afuera luchando por entrar.
Algo que yo ya había experimentado en Medellín de la misma manera. Ver esto es impactante, te hace pensar.

Cuando veo situaciones caóticas en las grande ciudades siempre me cuestiono lo mismo: ¿hasta que punto estamos hechos para vivir una vida rutinaria y monótona? ¿ no será que nos hemos equivocado de camino? ¿Hasta que punto tenemos que pagar invirtiendo nuestro tiempo en sobrevivir? A veces pareciera que sobrevivimos en lugar de disfrutar de la vida.

Cruzar el umbral de viajar te ayuda a generar mayor conciencia, que sin dudas es lo que más le falta a las personas. Ver otras realidades y cambiar de aires, te permite tener una mejor perspectiva del mundo en que vivimos.

 

 

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¿Que se siente al volar en avión?

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Siento una vibración y ese peculiar rugido que baja desde el cielo. Enseguida dejo lo que estoy haciendo y busco el primer ángulo de la ventana que me permita divisar el pájaro de metal volando. Entonces me pregunto ¿qué aerolínea será? ¿de donde vendrá o hacia donde irá? o ¿quiénes serán los viajeros que van dentro? ¿cuando me tocará volar a mí?

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                                                                                Aeropuerto de Arequipa. Partiendo a Cusco

Los aeropuertos y los aviones son una de las grandes debilidades que tengo. De las pocas cosas que realmente me relajan tanto al punto que me desconecto de absolutamente todo, pienso diferente, me pierdo en el aquí y ahora.

No sé si sea algo que llevo en mi ADN o algo que se incubó dentro de mí desde pequeño, o quizás alguna enfermedad psicológica ya existente. El hecho es que viajar en avión me resulta sumamente adictivo, y las atmósferas de los aeropuertos inspiran hasta la última célula de mi cuerpo.

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                                                                         Aeropuerto de Montevideo. Partiendo a Río de Janeiro

Siempre que uno está de viaje se dedica a observar todo con mucha más intensidad que normalmente.

Muchas veces encuentro personas que van por los aeropuertos deseando llegar a destino, como si se tratara de un trámite. Es ahí cuando me pregunto: ¿será que han viajado tanto que ya no lo sienten?

Y luego pienso – ojalá que nunca me pase, ojalá que jamás llegue el día en que mi más grande pasión pase a ser un día como cualquier otro-. Y luego me quedo más tranquilo al notar que, al subir al avión, la sensación sigue intacta como la primera vez. Es mi momento, mi misa, lo disfruto como nada.

¿Porqué viajar en avión es tan especial?

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 Equipo de Serena Blues en Aeropuerto Jorje Chavez, Lima

Fijense que subir a un avión a volar es un momento muy particular en la vida de cualquier persona, significa en primera instancia romper con un montón de miedos. Estos son muy normales, por ejemplo, en el primer vuelo de una persona, cuando todo es algo nuevo y extraño. Pero se siente bien romper esa barrera.

Explorar el mundo

Estar dentro de un avión es resultado de una gran decisión: salir a explorar otros lugares. Algo que aunque parezca fácil, no lo es.
Dar ese primer paso y asumir todas las responsabilidades que siguen como elegir a donde ir, comprar vuelos, ver que tipo de viaje hacer, puede resultar un poco complejo.

Sin embargo, aunque sea una resolución que requiere un poco de valentía, el premio empieza a sentirse el primer día de viaje cuando embarcamos y salimos a explorar.

Una nueva etapa:

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Aeropuerto de Santa Marta, Colombia

El avión es el que marca el comienzo y también el final de un viaje. Es inevitable esa sensación que te invade cuando tocas tierra en casa nuevamente “oh no, otra vez acá y ahora toca volver a la realidad”

Además, comenzar un viaje marca el inicio de un nuevo avance personal. Nadie vuelve siendo el mismo que se fue. En este sentido ¿qué puede ser más motivador que subir a un avión?

Si vas a viajar, te aconsejo que disfrutes de todo desde el primer minuto, que te relajes y absorbas cada segundo de la experiencia. Sin importar el tipo o estilo de viaje que estés por hacer, lo más importante es vivirlo plenamente, te va a dejar más enseñanzas de las que puedas imaginar.

Volar es una oportunidad:

Volar ya no es tanto un privilegio como era antes, ahora es un transporte masivo y cada vez más gente tiene la oportunidad de hacerlo.

En el momento que el avión despega y subís a las nubes, tenes la oportunidad de abstraerte de tu micro mundo (ciudad, barrio, ámbitos). Algo que tiene mucho valor y que no hacemos muy seguido, es tener otra perspectiva de nuestra vida o tomar distancia como dice Mai en su artículo ¿Viajar para perderse o viajar para encontrarse?

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 Pico Salkantay desde el avión, Cuzco, Perú

Viendo todo desde arriba uno piensa cosas que no se le ocurren en casa. Y además, todos esos pensamientos van acompañados de paisajes de los más lindos que vas a tener en tu viaje. Por eso es clave elegir la ventana 🙂

Viajar es la oportunidad de descubrir, de uno mismo, de los demás, del mundo.

La consecuencia de volar:

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Algo pasa dentro nuestro cuando nos vamos a otro país por un tiempo, es como si fuera un umbral que traspasamos. Todo queda atrás y lo único que se viene es un camino hacia el frente, con desafíos, aventuras, personas nuevas y aprendizajes. Y el avión es el que marca el ritmo en un principio, las vibras, y como dije más arriba: la tapa y la contratapa del libro.

Me siento con mis auriculares, respiro profundo, pego mi cabeza a la ventana y dejo que se abra el horizonte a la exploración…

 

 

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Felicidad, el verdadero éxito

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Si hay algo de lo que estoy seguro es que todos los que leen esto, de alguna u otra manera buscan la felicidad.
Tal vez sientan la felicidad como ¿un estado que les da más ganas de vivir? ¿una actividad que les genera placer? ¿una fuerza que les brinda más seguridad? Pero, realmente, ¿qué es eso que llamamos felicidad?

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Foto en La Guajira – Colombia 2016

Quiero contarles algo: Hace ya 4 años que salí de mi pecera y empecé a experimentar lo que es armar una vida nueva, por algún motivo  el destino me llevó a una circunstancia en que necesitaba hacer algo nuevo por mí. Desde ese momento hasta hoy, he atravesado un camino de puros desafíos y cambios enormes: Dejé mi trabajo y me decidí a ser mi propio jefe, me distancié de muchos vínculos que no me estaban aportando mucho y empecé a hacer cosas locas como irme de viaje 6 meses con unos pocos pesos o empezar pruebas de negocios de los que no tenía mucha idea.
En todo este tiempo aprendí algo importante: La felicidad es algo interno, nace en nuestro interior! No es un lugar al que haya que llegar ni es algo que podamos arreglar comprando nada, es una decisión del día a día, una actitud en nuestra forma de procesar las cosas, y por supuesto, un entrenamiento.

A lo largo de este post intentaré explicar los factores más importantes que me llevaron a convencerme de esto y que hoy en día le dan un gran sentido a mi vida.

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Vale aclarar,  que la felicidad no tiene nada que ver con la acumulación de bienes materiales. Eso es producto de una sociedad bastante consumista y competitiva que, nos garantiza desde pequeños que al generar bienes y más bienes, estaremos mejor encaminados hacia la “felicidad” y “estabilidad”. Pero eso más bien nos lleva  a seguir alimentando una cultura que enfatiza siempre el tener más y más, y que nos genera creencias falsas como: “mientras más tenga, más valor tendré como persona”,”mi mérito como ser humano se basa en cuanto puedo lograr”, o “lo más importante es ser el número uno”.

Un dato que comprueba que estas creencias son  falsas es una investigación que mencionan en el Documental Happy en donde se expone que las personas que hace 10 años estaban más orientadas hacia las motivaciones extrínsecas ( ejemplos: dinero, estatus, imagen), demuestran hoy estar más deprimidos, más ansiosos y menos vitales, que las personas enfocadas en motivaciones intrínsecas.

Y eso es lo que pasa, la mayoría de nosotros busca la felicidad de forma confusa en cosas externas. Un claro ejemplo es ese fuerte impulso que nos dice que “si trabajo duro, tendré más logros y así tendré éxito, y si tengo más éxito, entonces seré más feliz”.

Sí hay que trabajar, pero repito, no solo hacia afuera, el trabajo más importante y complejo es hacia adentro.

Happy Documental:

¿Sabías que hay una rama de la psicología que cada vez crece más, llamada psicología positiva, que estudia los patrones en las personas felices, y que ha demostrado cosas muy interesantes que no tienen nada que ver con la acumulación de cosas materiales? Así es, y en este Documental lo muestran muy bien.

 

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Hace unos años vi esta película que me gustó mucho porque explicaba en forma muy completa de que se trata todo esto de ser feliz. Y me sorprendieron algunos datos, resultados de investigaciones realizadas por científicos y psicólogos. Por ejemplo: Sabían que el 50 % de nuestra felicidad es genética, y que solo el 10% son nuestras circunstancias actuales (nuestro trabajo, la cantidad de dinero que tenemos ahorrado, el lugar donde vivimos, nuestra posición social, etc), y que el 40% lo forman nuestras actividades (deporte, aprendizaje, hobby, etc) y hábitos cotidianos?

Se dan cuenta? Todos tenemos la posibilidad de influir mucho en nuestra felicidad si nos lo proponemos. Es una cuestión de darnos cuenta lo que nos hace falta, y cambiar.

Documental “The Shift” (El cambio):

Así como les recomiendo “Happy” también les aconsejo que cuando puedan le dediquen un rato a ver esta maravillosa película protagonizada por el escritor y psicólogo Wayne Dyer. Quien explica de forma muy clara y humana cuál es el sentido que él le ha encontrado a la vida, desde un punto de vista muy enriquecedor y aplicable fácilmente para todos.

De lo que mas me gusto de la pelicula son las interpretaciones de los actores en sus personajes bien marcados dentro de la sociedad. Muestran 3 historias: Un cineasta que se centra tanto en alcanzar su propio éxito que se olvida de disfrutar de su vida, una madre que se siente tan arraigada a su familia que se olvida de sus sueños y un matrimonio que tiene mucho dinero pero no lo disfruta.

Ver película aquí.

 

La felicidad como algo personal:

Quizás alguna vez te haya pasado de tener un día de mucha preocupación y estrés por ciertas circunstancias, al punto de pensar muy negativamente o de llegar a amargarte; cuando de pronto, se te cruza alguien por la calle con un verdadero problema, uno realmente complicado como por ejemplo la falta de una aptitud física, y de repente, ese instante te deja una especie de lección. De pronto, ya no estas tan mal, o ya no te parece tan grave lo que te esta pasando. Eso un golpecito directo en tu conciencia.

Intento mostrar con este ejemplo, que la mente es la dueña de casi todo. Y de que todo depende de la propia forma de ver las cosas. La felicidad no es un término general, sino todo lo contrario, se trata de algo muy único y personal, ya que cada uno tiene su forma o su idea de lo que es ser feliz.

Por eso acá les escribo 8 puntos que he descubierto a lo largo de estos años y que han resultado fundamentales en mi vida, para que de alguna forma te puedan aportar en tu búsqueda.

Estas son 8 reglas que yo he aprendido sobre la felicidad:

1 )Vivir en el presente:
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Foto: Alfonso Coutinho, Portugal

Puede que te suene un poco conocido, pero es real, cada vez que no podemos estar en el presente hay algo que va mal. Y si no logras reunir la capacidad de enfocarte en una sola cosa es probable la ansiedad y el estrés te estén jugando una mala pasada. Además, vivir en el presente no es algo que suceda de un día para el otro. Es algo que hay que proponerse y que hay que practicar para que se convierta en un hábito sano.
Muchas de las mejores técnicas de productividad laboral se basan en hacer las cosas de una en una.

Lao Tzu dijo: “Si estás deprimido estás viviendo en el pasado, si estás ansioso estás viviendo en el futuro, pero si estás en paz, estás viviendo en el presente”

Somos tan poco conscientes del presente y en realidad es lo único que tenemos. Practicar ser más conscientes del presente te permite valorar todo mucho más, ser más agradecido, experimentar mejor las cosas, aliviar el estrés, reconocer malos hábitos, y muchas cosas más que vas a poder experimentar solo si te disponés a intentar vivir lo máximo posible en el presente.

¿Sabías que cada vez que me enfoco en el presente, recuerdo que la vida es una sola? Si, es una sola… Y si lo pensás bien, solemos hacerle caso omiso a ese detalle, por miedo o por lo que sea. Sin embargo, nunca está demás acordarse que “nadie sale vivo de la vida”, y tenerlo en cuenta como recurso para activarnos y vivir cada día como si fuera el último.

2) Las experiencias:

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La clave para vivir felices es generar recuerdos basados en experiencias y vivencias gratificantes. Como lo hacemos cuando viajamos, vamos a un concierto, nos juntamos a comer con amigos, etc.

Según una investigación realizada en la Universidad Estatal de San Francisco, el problema con las cosas materiales es que su gratificación resulta algo pasajero. Cuando compramos algo, lo disfrutamos al principio, pero luego nos acostumbramos y adaptamos a ello, perdiendo así su valor. En cambio, las experiencias duran para toda la vida.

Invertir en experiencias es, contrariamente a lo material, invertir en felicidad a largo plazo!

3) Movimiento, viajar, cambio:

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Otra cosa interesante que descubrí en este tiempo es que gran parte de mi felicidad se basa en el movimiento. Y fué por circunstancias de la vida y decisiones que tomé que me llevaron a estar 4 años como nómade viajando y trabajando a la misma vez.  Lo que sucede es que el movimiento lo simplifica todo, te obliga a darte cuenta que necesitamos mucho menos de lo que creemos para estar bien. Y algo mejor aún, el movimiento te obliga a depender solo de vos para estar equilibrado emocionalmente. Muchas veces me tocó vivir cosas difíciles en mis viajes y realmente no tuve más alternativa que seguir mirando hacia el frente.

Cuando estamos muy dentro de la pecera es que entramos en “piloto automático” que es un estilo de vida cómodo que nos quita energía y objetividad sobre nosotros mismos, acostumbrándonos a todo. Y así, estar acostumbrado es como estar dormido, no tenemos esos altibajos necesarios para crecer. A veces ni nos cuestionamos como estamos llevando adelante nuestro día a día, y que tanto estamos en piloto automático.

Necesitamos de esa renovación que pasa cuando volvemos de un viaje, o de un fin de semana en contacto con la naturaleza, o de empezar un deporte nuevo. Ese tipo de cosas nos da una claridad mental muy sana y que nos ayuda a ser más felices diariamente.

4) Compañías, vínculos, amistades:

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                                                                              Foto en Minca – Colombia

Está comprobado que un factor común entre las personas más felices es que pasan su vida rodeados de familiares y amigos. No hay duda de eso. Y además creo que es importante elegir con quienes compartimos nuestro tiempo, es decir, saber quienes son realmente las personas que nos hacen bien. Es conveniente saber identificar a las personas que nos rodean ya que generan gran inlfuencia sobre nosotros, aún cuando no nos damos cuenta.

Existen muchos tipos de personalidades, algunos buenos para nosotros y otros no tanto, a estos últimos en psicología se les denomina como Gente Tóxica, y a su vez dentro de estos hay muchas “sub categorías” digamos: mandónes, autoritarios, descalificadores, envidiosos, pesimistas, y muchos más.

Alguna vez te preguntaste quiénes son los que te rodean? Yo creo que la gran mayoría no lo hace. Pero hablo de preguntarse sinceramente y honestamente, con la mente en frío: en qué me aporta esta persona??

Estoy seguro de que no querrás malgastar el tiempo de tu proyecto de vida con personas que lo único que hacen es robarte energías. Actúa ahora mismo!!

Less Brown dijo:

“Es necesario que saques a los perdedores de tu vida si quieres vivir tu sueño. Cuando te vuelvas la persona correcta la vida empieza a tener un significado distinto para ti, y lo primero que haces es empezar a separarte de algunas personas. Es necesario que te alínees con gente que esté hambrienta como vos, gente imparable e irracional que se rehusa a vivir la vida tal cuál es y que quiere cambiar algo”

5) Hacer Ejercicio:

Salir a correr es el principal regulador emocional que conozco, el mejor. Cada vez que me atacan esos demonios que a veces nos vienen y desprenden una lluvia de pensamientos negativos, los contrarresto con unas respiraciones profundas y enseguida salgo a buscar mi ropa para irme a correr. Haciendo ejercicio todo es más positivo y distendido! Hace ocho años que salgo a correr y hago ejercicio, es algo que no he podido dejar debido a todo el bien que me produce en mi.

El deporte ayuda a reducir la ansiedad, la depresión y el estrés. También está comprobado que es un gran moderador de la autoestima y de la emotividad.

Según la Apa (A Americana de Psicología) el ejercicio aumenta la noradrenalina que se encuentra en la parte del cerebro donde el organismo hace respuesta al estrés. De hecho se dice que los antidepresivos tienen el efecto de aumentar la noradrenalina.

Es otra herramienta casi mágica que no debería evitar ningún ser humano

6) Enfrentar la Soledad:

“Estar a solas equivale en gran parte a una suerte de abstinencia; no exponerse en forma constante y directa a los estímulos convencionales, correr menos peligro de verse abrumado por los estereotipos de la sociedad. Se abre así un horizonte interior para la exploración”

Silvano Arieti
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                                                              Foto caminando por Plitvice – Croacia

Como decíamos arriba, estar bien acompañado es clave para mantenerse feliz. Pero esto no quiere decir que tengas que estar constantemente acompañado porque eso no sería sano. En cambio, poder estar solo, aprender a hacerlo, a lidiar con los momentos de soledad, es algo que nos fortalece en todo sentido. Es una instancia única para conectarse con uno mismo y entenderse.

Todos tenemos dos lados que tenemos que alimentar, el lado de interacción con el mundo exterior: vernos con nuestros amigos, enterarnos de las cosas que pasan, tener buenas relaciones en el trabajo, etc. Pero también, resulta indispensable el hecho de dedicar tiempo a relacionarse con uno mismo.

En mi opinión, cuando estás en solitario es cuando más identificas las cosas que hacés bien y las cosas que hacés mal. Es bueno tener tiempos enteros para uno mismo, para estar 100% enfocado, sin más. Es el momento perfecto para captar nuestras diferencias con respecto a los demás, encontrar nuevos caminos y nuevas metas, para profundizar en nuestra propia opinión, para ser más productivos, reflexionar puramente y sin ninguna influencia, y el momento ideal para descansar la mente.

Lamentablemente suele verse a la soledad como algo malo, cuando todo lo contrario.

Estamos acostumbrados a estar siempre acompañados. Pero lo que pasa con esto es que generamos dependencia hacia las personas y luego nos resulta difícil estar solos. Cuando tarde o temprano la vida nos podrá en situaciones que tendremos que manejar solos.

Cuando salgo de viaje solo, por ejemplo, suele darme mucha felicidad el hecho de poder valerme por mi mismo sin la necesidad de nadie mas. Aparte es un momento mágico para entenderte, analizar todo con tu unica y propia perspectiva.

Yo pienso que no se puede estar bien con nada ni nadie, sin estarlo primero con uno mismo.

7) Crisis:1-29-13-Storm Over Farm - Decatur, Texas

¿Porqué vemos las crisis como algo malo? Las crisis son sabiduría, forman nuestra identidad, y son amigas de todos nosotros. Pasan porque son inevitables y porque tienen que pasar, no hay otra. Así que no hay que tomarse mal las crisis, simplemente aguantalas, aprender y lo más importante,  disfrutar de lo que viene luego.

Las mejores cosas que me han pasado, me han sucedido después de las afrontar problemas difíciles.

Cualquier persona madura sabe que las enseñanzas más grandes de la vida provienen de las caídas. Es cuando estamos pasando por un momento complicado es cuando se activa una parte nuestra que por alguna extraña razón no es capaz de activarse en otro momento. A mí me gusta llamarle “amor propio”. Y es una actitud que tomamos que nos deja una pauta, una señal, un aviso, de lo que somos capaces de hacer o de lo fuerte que podemos llegar a ser frente a las adversidades.

Las crisis siempre dejan una señal, un rastro, una puerta. Y eso es otra cosa que aprendí, es algo seguro que muchas veces la vida te va a pegar fuerte con un ladrillo en la cabeza, pero también es seguro que nunca te cierra absolutamente todas las puertas luego de eso. Así que es cuestión de poner actitud y encontrar esa puerta que quedó abierta. Luego, con el paso del tiempo terminamos entendiendo porque era necesario aquel “mal momento”.

Crisis – Cambio – Crecimiento

8 Crear y Creer:
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Todos tenemos que trabajar de algo para poder sustentarnos y así poder progresar. Pero hay demasiadas personas que trabajan en cosas que no les gusta, y supongo que si les pasa esto es porque tampoco se lo cuestionan.

Trabajar no es ganar dinero, es avanzar hacia el sueño de tu vida, es algo en lo que crees y para lo que vas a destinar toda tu energía sin importar casi nada más. Por eso todos tenemos la gran responsabilidad de buscar qué es lo que nos gusta, y si no lo encontramos, pues entonces no queda otra que crearlo.

Yo pasé mucho tiempo analizando el mundo y a veces me asustaba, porque no lograba encontrarle un verdadero sentido a todo, eso a lo que llaman “crisis existencial”. Pero luego de un tiempo entendí que probablemente la vida no tenga mucho sentido, a menos que nosotros nos ocupemos de dárselo. Y es un trabajo duro, claro que lo es, pero la vida cobra real sentido cuando estamos motivados por algo que estamos creando.

Pienso que un gran paso para ser feliz es creer en algo, mientras creemos en algo podemos tener la fuerza necesaria para salir hacia adelante, aún sin entender mucho el significado de todo, si hay algo que significa mucho para nosotros.

Pero para encontrar algo en lo que creer hay que buscar muchísimo, agotarse, probar, perderse, caer, cambiar, experimentar. Y no hay que conformarse, hay que ser fuertes y hay que arriesgarse, y entender profundamente que nuestro tiempo es limitado.
Realmente pienso que más adaptarse, hay que crear cosas nuevas, siempre va a ser más difícil pero también más satisfactorio.

El trabajo va a llenar gran parte de nuestra vida, hagan las cuentas, pasamos más tiempo trabajando que haciendo cualquier otra cosa.

No se rindan, busquen algo que cada vez que lo hagan le aporte más valor a la vida.

Entonces, qué es la felicidad?

La verdad es que no hay una definición exacta. Si bien hay opiniones de grandes pensadores a lo largo de la historia, nadie ha dado con una forma de definirla completamente.

No podemos decir exactamente que es, pero si que la hemos sentido. Y todos sabemos en el fondo que la verdadera medida del éxito es la felicidad.

Creo que la verdadera felicidad es algo que surge del conocimiento de uno mismo. Es fruto de hacer lo que sea necesario para entendernos completamente y saber actuar frente a los miles de estímulos que recibimos a lo largo del camino. La felicidad se mide en simpleza y riqueza interior, no en posesiones.

La felicidad no es algo de un solo día, lo que todos buscamos es algo constante, duradero, sólido, y para eso hay que trabajar mucho en nuestra mente.

Encontrar la felicidad se trata del desafío más grande que tenemos: ¡¡Nosotros mismos!!

 

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Viajar: una forma de cruzar nuestros propios límites

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Estas palabras comenzaron a surgir durante un intenso viaje a Colombia, y se terminaron de concretar al volver del mismo, ya nuevamente dentro de mi pecera, pero sintiéndome muy distinta a cuando salí de ella hace más de un mes atrás. Cada vez me convenzo más, de que un viaje es el terreno más fértil que existe para los cambios internos, para los cambios de toda índole si se quiere. Y no deberíamos desaprovechar la oportunidad que tenemos para cambiar y desafiarnos a nosotros mismos, cuando salimos de nuestra zona de confort.
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Una de las formas más comunes de auto limitarnos, es con nuestras propias creencias. Cada vez confirmo más que son ellas las que más nos frenan, nos hacen sentir temor o inseguridad frente a situaciones nuevas. Muchas nos acompañan desde niños, ya sea por experiencias vividas, o porque alguien nos hizo creer determinada cosa sobre nosotros mismos. ¿Alguna vez pensaste cuántos “no” te has dicho a lo largo de tu vida? Hagámoslo más fácil, ¿cuántos “no” te has dicho a lo largo del día? “No puedo”, “no debo”, “no soy así”, suelen ser frases que repetimos con bastante frecuencia. Ahora la pregunta sería, ¿qué hacemos nosotros para romper con esas barreras internas? O mejor dicho ¿hacemos algo para eso?
nelsonCada vez que viajo, compruebo y reafirmo fehacientemente que es el mejor movimiento que uno puede hacer hacia el cambio. Muchas veces no sabemos que podemos hacer algo, porque nunca lo hicimos, nunca lo intentamos y ahí aparecen los “yo no puedo”. Y creo que ahí es cuando se da inicio al desafío, ese que es únicamente con uno mismo. No debería ser para demostrarle nada a nadie, sino un mano a mano interno para demostrarse a uno mismo lo que es capaz de hacer. Sin lugar a dudas, una vez que se cruza un límite que nos  frena, no hay vuelta atrás, el movimiento es siempre hacia adelante.
Ahora bien, este movimiento, ese ir hacia la frontera de nuestros propios límites, difícilmente pueda lograrse nadando siempre en las mismas aguas, estando en nuestras peceras o merodeando nuestra zona de confort. Para lograr esto hay que irse, animarse, soltarse y sí, creer en uno mismo también.
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Hay una frase, que una vez leí y claramente me pareció bastante loca, eran mis épocas de nadar cómodamente en mi pecera, ahí leí “Si te da miedo, hazlo con miedo”, automáticamente mi razón me dijo, “si te da miedo, es porque no tenés que hacerlo, ¿cómo alguien puede hacer algo con miedo?”, y en varias ocasiones comprobé que sí, que se pueden hacer cosas con miedo y aprendí algo más aún, que sentir miedo y aún así poder hacerlo, es una clara señal de haber roto una barrera interna.
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Lo que podemos aprender en un viaje…

  • Que podemos más de lo que creemos: de esto venía hablando, únicamente probando nuevos desafíos podemos ver de lo que somos capaces, ¿de qué otro modo si no? ¡Es momento de animarse! Y esto no quiere decir exponerse a situaciones peligrosas, sí tener espíritu aventurero e intentar nuevos desafíos J
  • Que las cosas son más simples de lo que parecen: muchas veces se nos presentan situaciones novedosas que debemos resolver y lo hacemos, sin darles demasiadas vueltas. Un viaje nos relaja, nos vuelve más flexibles y genera que tomemos las cosas con más naturalidad. Una lluvia, una ruta cortada, una cama no tan cómoda, no son factores que puedan arruinar tu viaje cuando el objetivo es vivirlo como una experiencia de vida y tener una buena historia para contar.
  • Que mucho de lo que tenemos o queremos tener es innecesario: esto se vuelve más que claro cuando cargamos en nuestras mochilas cosas que jamás usamos ni en 20 días de viaje y lo único que logramos es volver nuestro equipaje más pesado. Un viaje debería ser para cargar recuerdos, que es lo único por lo que no nos cobrarán exceso de equipaje 😉
  • Que todos tenemos nuestras diferentes facetas: no me canso de repetir que un viaje pone los sentimientos “a flor de piel” y cada vez lo compruebo más. La distancia nos hace pensar y ver las cosas con otra perspectiva. Nos ponemos más sensibles, o nos enojamos más, recordamos, nos cansamos, reímos, lloramos. Todo esto puede ocurrir durante un viaje, ¿el motivo? Quizás sea el estar lejos de nuestra vida cotidiana, tanto física como mentalmente, el factor de la incertidumbre de lo que nos puede deparar la ruta o el motivo concreto de ese viaje.

Todo esto y aún más se puede lograr al viajar, hacerlo, permite un aprendizaje que no se encuentra en ningún otro lado, es decir, va más allá de aprender sobre la historia o la cultura de un lugar (que sin dudas también aporta y mucho, porque amplía nuestras perspectivas) tiene que ver con un aprendizaje sobre uno mismo, eso no está en ninguna guía de viajes. No importa la distancia o el destino, la cuestión es moverse, porque es ahí cuando ocurren los cambios. Y sepan que de esos cambios no se vuelve, uno nunca vuelve igual después de haber hecho un viaje.
yonoviajoCreo que hay cierto punto, y acá me remito a mi experiencia personal, del que no hay retorno. Una vez que hacemos algo nuevo, que nunca antes habíamos intentado hacer y aceptamos el desafío, eso nos transforma nos empodera, nos hace conocernos y romper con algunos esquemas que hasta ese momento nos habían frenado, sin ser nosotros muy conscientes de eso, porque todas las creencias de las que he estado hablando al principio de este artículo, operan en un nivel inconsciente y es por eso que se vuelven aún más difíciles de identificar y hacer algo para cambiarlas.
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Nuestro sistema de creencias (lo que creemos de nosotros mismos) crea una percepción de la realidad y en base a ella nos movemos a lo largo de nuestra vida. Donde debemos poner el foco en las llamadas “creencias limitantes”, los “yo no soy capaz de”, “yo no puedo”, de los cuales hablé más arriba. Una vez que identificamos una “creencia limitante”, es momento de decidir, si cambiar o no. Por ejemplo: vas a lanzarte en paracaídas y ahí surge “no puedo, yo le tengo miedo a estas cosas”, eso es una creencia limitante y hay dos caminos, hacerlo igual o no hacerlo. En ambos casos habrás tomado una decisión, una va hacia el cambio y la otra no. En definitiva tiene que ver con la idea de que, nosotros podemos ser quienes queramos ser, debemos ir en busca de la mejor versión de nosotros mismos.

¿Te gustaría saber de lo que sos capaz? ¡VIAJÁ MÁS! 

Post por Mai Zubillaga

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¿Viajar para perderse? o ¿Viajar para encontrarse?

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¿Viajar para perderse o viajar para encontrarse? Hace un tiempo que estas preguntas me dan vueltas en la cabeza, puede deberse a que cada vez más seguido escucho a las personas, decir “estoy planeando un viaje”, “me voy”, “es el momento de hacerlo”, “necesito un tiempo para mí” etc. Y ahí es cuando pienso ¿Qué es lo que impulsa a una persona a emprender un viaje? Las razones por las que alguien decide viajar, son tan diversas como personas hay en el mundo, pero en el fondo parece que debido a los avatares de la vida misma, o a la vorágine de la rutina, son cada vez más, aquellos que eligen irse por un tiempo.
¿Nunca les pasó estar tan “en la rosca” que no tienen tiempo de detenerse ni un minuto a pensar en lo que fue su día? O llegar al final de jornada y decir ¿Disfruté realmente algo de lo que hice hoy? Acá no estoy poniendo en tela de juicio cuestiones tan trascendentes como lo son el concepto de felicidad y demás, voy a algo mucho más sencillo, a ese sentirse como en “modo automático”  y que muchas veces no nos permite ni siquiera escucharnos a nosotros mismos y conectar con lo que nos pasa. ¿Qué estamos sintiendo? ¿Qué me provoca tal o cual cosa? La rutina en sí misma muchas veces nos tiene como anestesiados.

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Tomar distancia…

Tomar distancia de una situación que nos molesta o nos hace sentir mal puede ayudar a que la veamos desde otra perspectiva y así cambiar la postura frente a la misma. Está en nuestras manos decidir cómo vamos a afrontar un cambio o una circunstancia que la vida nos pone enfrente. Una manera cada vez más común de tomar distancia, es viajando. Viajar no solamente implica un movimiento geográfico de un lugar a otro, también trae consigo un movimiento interno y que no necesariamente se mide en kilómetros. Tampoco existe un modo de medir ese movimiento más allá de observar cómo nos sentíamos antes de ese viaje y cómo nos sentimos al volver del mismo. Mi experiencia personal y la de otros viajeros con quienes he tenido la suerte de cruzarme, me dice que un viaje moviliza de todo a nivel interno. Por ahí nos conmueven cosas que habitualmente ni siquiera llamaban nuestra atención, o nos enojan otras que no teníamos ni idea que podían llegar a molestarnos, todas las emociones parecen estar a flor de piel durante un viaje. Personalmente creo que esto tiene que ver, con que un viaje puede considerarse algo así como una “ventana de oportunidades”, para animarse a sentir y experimentar cosas que solamente se logran viajando y saliendo de nuestra zona de confort.

Viajar para llenar un vacío… 

¿Quién nunca experimentó una sensación de vacío? De esas no tan sencillas de explicar, pero que son parte de este tránsito a través de la vida misma. Creo que si somos capaces de conectar con ellas, seguramente podamos usarlas para trascender y ver un poco más allá de todo. Hay muchas maneras de llenar un vacío, pero por lo general las que suelen “vendernos” son bastante efímeras. Por ejemplo, llenar un vacío comprando el mejor de los celulares o la última colección de ropa de determinada marca, te hace sentir bien por unos días, pero esa sensación de satisfacción no se sostiene en el tiempo y generalmente vamos por más.  Ahora ¿qué pasa con aquellos que buscan llenar ese vacío viajando? Un viaje es el terreno ideal para conectar con todas aquellas cosas que nos preocupan o nos tienen mal y poder verlas desde una perspectiva mucho más amplia. Sucede que en la rutina diaria, es más difícil correr el foco de nuestros problemas, porque está esa tendencia a hacer siempre lo mismo de la misma manera y si no nos encargamos nosotros mismos de ponerle emoción a cada día, la rutina nos hace sentir muchas veces incompletos. Viajar nos conecta constantemente con situaciones nuevas y lo mejor de todo es que muchas veces ¡son de una sencillez tremenda! Tomarse una cerveza que nunca probamos contemplando un paisaje nuevo puede ser una de ellas, conversar en un idioma que no conocemos del todo, improvisando o entendiéndonos a través de gestos, probar una comida típica y que además nos guste, hablar de temas profundos con alguien a quien ni siquiera estamos seguros de volver a ver. Todas estas situaciones, pueden conectarnos con nosotros mismos de una manera novedosa.

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Viajar para ser protagonistas de nuestra propia historia…

Tal vez esto debería ser así siempre, pero no es tan sencillo. La vida nos va llevando por rumbos, que muchas veces aceptamos como elecciones propias si cuestionárnoslas demasiado ¿no?,  parece ser que de esto habló Steve Jobs cuando dijo:

“Cada día me miro al espejo y me pregunto, si hoy fuese el último día de mi vida ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es “No” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo” (Jobs, 2005)

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Cada tanto deberíamos hacer una pausa y cuestionarnos eso que únicamente nosotros podemos responder, ¿estoy donde quiero estar? ¿Soy quien quiero ser? Mientras estamos de viaje, tomamos distancia de lo conocido y de lo que nos mantiene encasillados y es ahí cuando un viaje se vuelve revelador y nos permite darnos cuenta de cosas sobre nosotros mismos que estaban silenciadas por la rutina, por las costumbres y por ese no animarnos a ver “qué puede pasar si”. Claro que depende del lugar al que se viaje, pero muchas veces el silencio de una montaña, contemplar un volcán en el medio del desierto o una caminata a través de la selva, pueden ser paisajes que contribuyan a una experiencia completamente renovadora. ¿Cuántas veces en el día a día estamos en silencio? El ruido constante de una ciudad o sencillamente de las personas que nos rodean, no nos permite contactar con nuestro interior. En un viaje es como si tuviésemos más tiempo para pensarnos, para encontrarnos en situaciones nuevas, con gente distinta, lugares y comidas que nos sorprenden y esto inevitablemente moviliza de alguna manera nuestras fibras y nos pone frente a cuestionamientos muchas veces profundos y que no estamos habituados a escuchar. Puede pasar que esto al principio nos resulte molesto, es por eso que siempre digo: un viaje saca lo peor y lo mejor de nosotros mismos. Pero para llegar a lo mejor de nosotros, es necesario haber atravesado nuestras peores facetas, ya sea para aprender y no volver a repetirlas o para aceptarlas como algo que nos constituye y seguir adelante con ellas sin querer callarlas.

Entonces…

Viajar nos hace vivir cada cosa como si fuera la primera vez, y eso nos emociona y nos mueve a querer hacerlo una y otra vez. ¿Si da miedo? Claro que sí, puede generar miedo y ansiedad. Pero creo que si eso pasa, es porque estamos camino al cambio. No hay cambio que no genere miedo, no hay cambio que no genere ansiedad. En definitiva es lanzarse a lo desconocido.

Viajar nos cambia y nos da esa sensación de habernos reiniciado desde cero. Nunca somos los mismos luego de volver de un viaje, no importa el lugar, no importa el tiempo, la cuestión es irse y moverse, no sólo geográficamente sino internamente también.

Viajar nos desafía a cada instante, a un nuevo rumbo, una forma diferente de ver las cosas y de vernos a nosotros mismos. No importa donde, la cuestión está en ser y dejar que las cosas pasen. No querer tenerlo todo bajo control es la regla de oro, y no necesariamente para perderse, sino para encontrarse.

Post por Mai Zubillaga.

 

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El miedo a viajar y seguir tus sueños. Como evitarlo.

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La primera reacción de algunas personas al contarles que estaba por irme de viaje por Latinoamérica durante varios meses – y a hacer un documental – fue:
“Pero para qué vas a hacer eso?” “Pero si ustedes no estudiaron cine!” “Pero mirá si te pasa algo, es muy inseguro” “Pero y qué van a hacer si les roban?” “Pero y qué van a hacer cuando vuelvan?” “Pero si no les va a dar plata para qué arriesgarse tanto?” “Pero, pero, pero….
Y bueno, también estaban – y están – los que nos dieron para adelante desde el vamos, pero no fue la mayoría.
La verdad es que es normal que la gente se asuste cuando alguien rompe con lo normalmente establecido por el sistema. Pero eso no quiere decir que todos tengamos que tomar el mismo camino, ni que tengamos que influenciarnos por los mismos miedos.

Creo que la mayoría de estas limitaciones que nos ponemos sobre lo que somos capaces, son sólo mentales. Si engañáramos un poco más a nuestro cerebro que está acostumbrado a seguir lo que está bien socialmente, podríamos vivir más según nuestra verdadera intuición y pasión.

Si no, cómo hicieron los grandes genios de la historia para lograr tan increíbles descubrimientos? Para cumplir sus sueños? Seguro que no fue tomando el mismo camino que todos, ni alimentando los miedos de más miedos, y que por algo hay tantos “locos genios” en la historia.

En The Real Me nos tomamos un momento para hablar de éstos Miedos. Como cuando Jaime, el colombiano que entrevistamos, en el Capítulo 1 (Fish in a Bowl) dice: “Psicológicamente cuando tu vas a tener un cambio en tu vida, lo primero que sientes es miedo. El miedo a no poder sobrevivir, el miedo a las dependencias afectivas, a la aceptación social, el miedo a la soledad, el miedo a lo impredecible, y al riesgo”.
Llegamos a la conclusión de que uno siempre siente ese miedos a lo desconocido, a estar solo, a estar vulnerable, porque estamos rodeados de eso. Pero es necesario cuestionarnos si estamos autolimitándonos a hacer lo que realmente hacemos nos gusta por miedo al cambio. Ya que a veces el cambio es necesario.

De chicos crecemos con miedo, con miedo a salir a la calle, con miedo a la soledad, a perder un examen, a la aprobación social, a no tener un sueldo fijo, con miedo a todo lo que nos dicen las noticias, en definitiva: creo que con miedo a ser como nos gustaría ser. Y es justamente ese miedo el que nos paraliza y nos limita a hacer cosas por fuera de nuestra zona conocida o zona de confort de la que tanto hablamos en este Blog y en el Documental.

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El día que salí de la pecera

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CUANDO SALÍ  DE LA PECERA

No les voy a mentir, durante varios años estuve cómodamente nadando dentro de mi pecera, o de otro modo llamada “zona de confort”. Es un concepto que muchos conocerán, ya que se habla mucho de esto. Brevemente, para no aburrir, puedo decirles que se trata de aquella zona que nos es conocida, dentro de la cual nos movemos con soltura, todo dentro de ella nos parece familiar.
Es el entorno que dominamos, lo cual no quiere decir que necesariamente sea agradable para nosotros. Estar en un trabajo que no nos gusta o dentro de una relación tóxica, también es estar dentro de la zona de confort, aunque no estemos cómodos con ello. Muchas veces he asociado la idea de zona de confort, con aquel conocido refrán de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, también puede asociarse con lo predecible, saber cómo vamos a reaccionar ante las cosas que nos suceden, simplemente porque forman parte de la rutina y lo establecido y de alguna manera terminamos limitándonos a ellas. Ahora bien, la idea no es dar cátedra sobre lo que significa sino mostrarles que esta zona puede ampliarse y hacerlo a partir de mi experiencia personal.

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Mi experiencia en la pecera…
Como dije líneas más arriba, durante mucho tiempo estuve en mi zona de confort, “cómodamente” moviéndome en ella, nadando en mi pecera de aguas ya conocidas donde creía que todo estaba bajo control, tenía un trabajo, estudiaba una carrera, pagaba mis gastos, me movía siempre por los mismos lugares y me relacionaba con la misma gente. No la pasaba mal realmente, no puedo quejarme de ello, pero empezaron a surgir en mi, ciertos sentimientos que me decían que había algo más por hacer, que no podía conformarme, que estaba perdiendo el tiempo, que había mucho más por conocer del mundo, de lo que estaba fuera de mi pecera, pero primero y principal había mucho más por conocer de mí misma. Estuve varios meses cuestionándome qué me estaba pasando, incluso llegando a pensar que había estado perdiendo el tiempo estudiando y trabajando, ya me había recibido (lo cual sigo considerando un gran logro) pero no era suficiente, la falta de motivación y la sensación de vacío se habían apoderado de mi, nada me conformaba, muchas veces me sentía en “modo automático” sin pensar mucho lo que hacía cada día ni el por qué de ello.

¿Qué pasó después?
En determinado momento empecé a no sentirme a gusto con mi rutina, eso se vio reflejado evidentemente en mi estado de ánimo, me sentía frustrada por cosas que creía que debería haber alcanzado y aún no habían sucedido, todo esto me mostró que era NECESARIO UN CAMBIO, y que nadie más haría ese movimiento si no era yo misma y por mí. En una clase de Psicología, un docente una vez dijo que parar lograr algo, había que “verse como”, imaginarlo y empezar a generar recursos para llegar a ese objetivo, evocar una imagen y hacer algo diferente a lo que siempre hemos hecho y allí las oportunidades empezarán a surgir, muchas veces las mismas aparecen y no las vemos, porque no estamos preparados para verlas, debemos entonces CAMBIAR EL ENCARE, así las cosas ocurrirán espontáneamente, y no estamos hablando de magia, sino de desear algo y hacer que suceda.

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La “Causalidad”
No creo en las casualidades, sí en las causalidades y les voy a contar por qué.  Todo sucede por alguna razón y volviendo al tema de la zona de confort y la salida de ella, es que debemos primero que nada querer salir para poder hacerlo, querer tomar riesgos, aventurarnos a lo desconocido e impredecible, dejar atrás los prejuicios y las ataduras, abrirnos a los desafíos, ¿es fácil? Para algunos más que para otros, pero todo aquel que se lo proponga puede hacerlo. Con esto quiero contarles que hace un año atrás CAUSALMENTE me invitaron a un viaje. Podría haberlo leído y descartarlo automáticamente, mientras seguía en lo que estaba, pero decidí verlo como una oportunidad, de sacar un pie fuera de la pecera, aquí es cuando confirmé que las oportunidades están…va en cada uno tormarlas o no. Yo decidí hacerlo.
¡Decidí hacer que las cosas pasen!
Decidí viajar con un grupo, creí que era el mejor modo de intercambiar, de aprender y de conocer gente nueva, viajé en bus, para apreciar los paisajes constantemente y perderme con la mirada en la profundidad de una montaña en el norte de Argentina mientras escuchaba alguna canción o simplemente pensaba, ¿qué hacía allí? ¿a qué había ido? Intenté conectarme con todos esos sentimientos que se despiertan en un viaje. ¿Si hubo miedos? Claro que los hubo, constantemente, dentro mío, miedos que me hacían cuestionarme si viajar era una buena decisión, si no hubiese sido mejor quedarme en lo que estaba. Solamente cuando decidí enfrentar esos miedos, fue que conocí otra faceta de mí misma que tenía bastante oculta a decir verdad, sólo cuando vencí esos miedos fue que APRENDÍ.

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¿Qué aprendí?
Si bien jamás dejamos de aprender, es bueno cada tanto detenernos a pensar en lo que hemos vivido hasta este momento, nunca somos los mismos después de un viaje. Personalmente aprendí (y sigo aprendiendo) a conectarme más con mis emociones, a vivir el momento, a reconocer la felicidad en estar apreciando un paisaje nuevo. Me desafié a mí misma, pude ver que los límites simplemente están en mi cabeza, y en lo que los demás me han dicho que soy a lo largo de mi vida, esas cosas son las que nos definen. Podemos tomarlas como una verdad absoluta, o decir ¡No! ¡Soy capaz de mucho más y me lo voy a probar a mi mismo! Aprendí que los problemas en la vida siempre van a aparecer, hay cosas que escapan a nosotros, lo que no escapa a nosotros es la actitud que vamos a tomar frente a eso.

¿AÚN TE QUEDAN DUDAS SOBRE LOS BENEFICIOS DE SALIR DE TU ZONA DE CONFORT?

 

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10 razones para emprender una pasión

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Cuando sentimos que hay algo pendiente en nuestra vida, que hay algo que nos gustaría hacer y que si fuese nuestro último día nos arrepentiríamos de no haber hecho, es momento de pensar en las razones por las que sí deberíamos escuchar nuestra intución y seguir esa pasión.
Pero, la mayoría de las veces sentimos miedo de fallar, de fracasar, de avergonzarnos de nosotros mismos. “¿Y qué pasa si no me va bien? ¿Y qué van a pensar los demás? ¿Y, y, y …?” Y…si nos quedamos con la duda nunca lo vamos a saber. Porque todo lo desconocido y lo impredecible nos genera inseguridad, y nos frena. Pero a la vez, nos atrae. Y esa contradicción es el primer síntoma de que hay una necesidad de hacer algo nuevo y distinto. Cuando decidimosvalorar más la independencia y la libertad de hacer lo que nos gusta, antes que la seguridad o la zona de confort, es que podemos empezar a crear nuestro propio proyecto de vida. Pero no todo el mundo puede manejar esa presión. Por eso, hay que pensar en las razones para intentarlo.

Personalmente, cuando me preguntaban: “Hey, y vos que vas a estudiar?, o ¿Y qué vas a hacer de tu vida? a los 17 años, me invadía una sensación de inmensa ansiedad ya que más allá de ser una pregunta clásica y de tradición en casi todas partes del mundo, era una pregunta muy importante, y yo, no sabía bien qué quería. Lo que me pasaba (y me sigue pasando), era que quería hacer de todo: “No sé, creo que Derecho, o Comunicación, o Bellas Artes, o bueno, también puede ser Educación Física, y no sé, Escritora…” Sí, lo bueno era sentir ganas de muchas cosas, pero encasillarme en una sola cosa, nunca fue lo mio. Como dice un amigo viajero en The Real Me, “¿cómo hacés a los 17, 18 años para saber qué querés hacer de tu vida, si todavía no sabés ni cómo puede ser tu vida?”

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Acá, 10 razones para emprender sus pasiones:

1) Cuando amas lo que hacés, tu trabajo va a ser muy bueno.

Como decía Steve Jobs, tu trabajo va a formar una gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es haciendo lo que uno cree que es un gran trabajo, y la única forma de hacer un gran trabajo, es haciendo lo que amas”.
La inspiración, la creatividad y la flexibilidad fluyen mejor por nuestras cabezas cuando estamos en algo que nos apasiona. Nos moviliza, nos llena, y eso hace que lógicamente, nuestro trabajo vaya a ser mejor. Entrenamos nuestro talento y lo vamos puliendo, es más fácil crecer, es más desafiante, y es, para nosotros. Porque es lo que elegimos con el corazón.

2) La vida es corta

Como decía Lennon, “la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”Mientras estamos esperando el momento para hacer lo que nos gusta, el tiempo pasa y ese sí que no espera. La vida es ahora para vivir como queremos, no mañana. Si hay algo que hoy no te gusta, es hoy que hay que empezar a cambiarlo. Nutrirse de nuevas cosas todos los días, aprovechar los momentos, haciendo más de lo que nos hace feliz, sin pensar tanto en lo que piensen los demás, o en lo que nos pueda pasar. A veces pienso, si mañana fuese el último día de mi vida, de qué me arrepentiría?
Nuevamente, como decía Steve Jobs:

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3) Empezás a ser tu propio jefe

Creo que en cierta forma, siempre somos nuestros propios jefes, somos dueños de nosotros mismos, y decidimos libremente qué queremos de la vida. Pero cuando emprendés tu proyecto de vida, te transformás en tu propio jefe de trabajo. Las órdenes, tareas, los compromisos, los horarios, los crea uno. Es un gran desafío, pero a la vez, una libertad fuerte. Porque podemos acomodar todo a nuestra manera: horarios, tiempo libre, dinámica de trabajo, etc. Podemos tener tiempo para hacer más de lo que nos gusta. Se trata de ser puntual con uno mismo, y sí, de darnos contra la pared un millón y medio de veces. Lo cual significa, crecer.

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4) Ser auténtico
Cuando hacemos lo que amamos y lo creamos desde nuestra perspectiva, somos únicos. Y al ser único, no tenemos competencia. Cuando seguimos nuestra pasión, estamos siendo auténticos, creando nuestro propio camino, y así, somos honestos con nosotros mismos. Es ser auténtico con nuestra idea de quienes somos, no de lo que los demás dicen que somos. Es dejar de lado las influencias, y reafirmar lo que a nosotros nos hace feliz. Es llegar a ser nuestra propia creación. No una copia.

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4) Ser auténtico

Cuando hacemos lo que amamos y lo creamos desde nuestra perspectiva, somos únicos. Y al ser único, no tenemos competencia. Cuando seguimos nuestra pasión, estamos siendo auténticos, creando nuestro propio camino, y así, somos honestos con nosotros mismos. Es ser auténtico con nuestra idea de quienes somos, no de lo que los demás dicen que somos. Es dejar de lado las influencias, y reafirmar lo que a nosotros nos hace feliz. Es llegar a ser nuestra propia creación. No una copia.

5) Experiencias únicas

Como decía Einstein, “la mayor fuente de conocimiento, es la experiencia”, y cuando hacemos algo distinto como volcarnos a un emprendimiento, comienzan las experiencias nuevas. Personas nuevas, momentos de estrés, momentos de desesperación, momentos de éxito, momentos de felicidad, momentos de locura, momentos que en fin, te llenan de experiencias, y así, de conocimiento. A través de la experiencia es que se aprende, y cuando nada es seguro, todo puede pasar. Dejando de lado lo conocido y esa zona de confort, es que aparece la zona mágica, donde cosas que nunca imaginamos, empiezan a ocurrir.

6) La actividad crea la grandeza

Como decía Paramahansa Yogananda, “Muchos individuos piensan grandes cosas, pero no actúan sobre ellas. Sin embargo es la actividad la que crea la grandeza. Hasta que tú no hagas las cosas realmente, no eres un éxito. No es suficiente pensar el éxito o las ideas; tienen que ser demostradas. Pensar que eres virtuoso no te hace virtuoso. De la misma forma, pensar en el éxito no te hace un triunfador”.
Pensar una idea no alcanza. Hay que hacerla. Hacer, es el nuevo decir.

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7) Aprender a caer y levantarse
Siempre van a haber caídas, bofetadas, piedras, gente que te critica, gente que no te entiende, que te dice que lo que hacés es raro, que deberías estar haciendo esto o lo otro. Van a haber días en que vas a querer volver a esa seguridad, en que vas a sentirte por fuera de la sociedad. Y sí, la verdad que hacer el camino por tu cuenta, es estar por fuera de la burbuja de seguridad en la que nos enseñan a crecer, pero eso no quiere decir que esté mal lo que decidiste por tu cuenta. No hay que confundirse. Es fácil caer. Y difícil levantarse. Pero cuando lo hacés, sentís la fuerza que te dejó la primera caída, y empezás a entender que no es tan malo como parece, porque problemas tenemos todos, el tema es como uno se los toma. Emprendiendo, vas a caer muchas veces, pero levantarte será cada vez mejor.

8) Conocernos más
Como decía Galileo Galilei, la mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo” .
Conocerse interiormente, es para mi, una meta personal que no sé cuanto tiempo lleva, pero sé, que hacer lo que siento que me gusta de verdad, es conocerme cada vez más. Cuando te la jugás a algo nuevo, estás jugando con una nueva personalidad tuya, que te empieza a demostrar lo que más le cuesta, lo que mejor hace, y como resuelve la impredectibilidad constante .Y creo que es una de las formas de conocerse en profundidad. Y cuanto más te conocés, más simple es la vida. Hay cosas que ya no elegís, hay personas que ya no escuchás, hay influencias que ya no te pueden alcanzar.

Como decía Paramahansa Yogananda, “La forma más fácil de progresar es conocerse a uno mismo”.

9) Un mundo de oportunidades
No hay excusas. Hoy en día hay miles de formas de hacer cosas nuevas. Internet, las redes sociales, los smartphones, los contactos a un solo clic por todo el mundo, poder mostrar tu trabajo al mundo con un sitio web gratuito, los cursos online gratuitos para aprender idiomas, o diseño, o fotografía, o como editar, o como mejorar en miles de cosas, etc. Hay una gran cantidad de información disponible para descubrir y aprender, hay una gran cantidad de gente que valora la creatividad y a los emprendedores, hay un montón de redes sociales que permiten que nos podamos mostrar y que hasta podamos vender nuestros trabajos de forma digital.

10) Si el trabajo de tus sueños no existe, tenés que crearlo tú mismo!

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¿Qué estás esperando?

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7 razones por las cuáles viajar nos vuelve más ricos

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Después de viajar durante 5 meses por Latinoamérica, creo que lo que más nos queda es una inmensa experiencia y un gran cambio positivo en nuestras vidas. Viajar no es solo bueno para conocer otros lugares y poder ampliar nuestro panorama diario, si no que puede significar una metamorfosis en nuestra vida.

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Cuando estrenamos The Real Me en el cine por primera vez, la mayoría de la gente nos agradeció y nos contó que gracias a ese impulso se iba a ir de viaje. Eso para nosotros fue una caricia al alma ya que fue en gran parte, el objetivo principal de todo. Justamente porque si hay algo que nos da la ruta, es un enriquecimiento para el alma, lo cual es mucho mejor que invertir en cualquier objeto material que nos da una satisfacción temporal.

Hace poco salió una nota que mencionaba que estaba comprobado científicamente que la felicidad se manifiesta al invertir en experiencias y no en comprar cosas materiales. Es que las experiencias son para eso: para despertar las emociones, la curiosidad, la adrenalina, la ilusión, la nostalgia, la esperanza, la alegría, el optimismo, y sobre todo; para alimentar nuestro espíritu, lo cual nos llena de satisfacción.
Me hizo sentir muy bien saber que cada vez hay mayor concientización al respecto de lo que hablamos tanto en The Real Me. Y aclaro que no se trata de no ser responsables y viajar por el mundo sin ningún objetivo, si no de ser responsables de nuestra conciencia y alimentar el espíritu viajando cada tanto a conocer el mundo, y así, también, a conocernos a nosotros mismos.

img_2735-1024x768Entonces, qué hace que viajar nos enriquezca, nos resulte una genial inversión, nos genere un nuevo cambio en nuestras vidas y sea un alimento para el alma?

Creo que algunas cosas a destacar son:

1) Porque dejamos de lado los objetivos extrínsecos.
Cuando estamos en una estructura social, por lo general nos enfocamos en lograr cosas que no deberían significar tanto para nuestra felicidad: la aprobación social, los deseos materiales, el poder, el sueldo en el trabajo; y forman parte de nuestra rutina por el miedo a perder esa seguridad. Cuando viajamos, nos enfocamos en los objetivos intrínsecos, como lo que nos gusta hacer, conocer lugares que nos hagan sentir bien, dónde nos sentimos más cómodos, y todo lo que nos da satisfacción interior. La diferencia es que simplemente estamos fuera de lo que implica nuestro rol dentro de una estructura, priorizando más las emociones y las ganas de experimentar nuevas cosas, y sobre todo, de vivir el momento. Y eso para mi, es mejor que comprar cualquier último modelo de celular.

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2)
 Porque nos involucramos directamente con la realidad.
No es novedad que cuando viajamos vemos nuevas y más cosas, pero sí lo es cuando eso hace que empecemos a desarrollar más nuestra visión, a ampliarla. Cuando los lugares tienen un significado más que solo un paisaje o un nuevo lenguaje, porque tratamos de integrarnos y de involucrarnos con la cultura y su gente; esos lugares nos llegan de una forma en que nos enriquecen realmente como personas. Involucrarnos y mezclarnos un poco en otras realidades nos hace ver más, más allá de las noticias y de lo que otros nos cuentan del mundo. Y así podemos eliminar ciertos prejuicios, al culturizarnos y empaparnos de otras formas de vida en carne propia.

img_3275Charlando con Silvia, vendedora boliviana con quien compartimos la tarde, en Potosí, Bolivia.

cusco-day-1-9801Fotografía: errolzimmermanfoto.com)

3) Porque aumenta tu sentimiento de cooperación con los demás.
Cuando viajamos empezamos a sentir una cercanía más grande con otras culturas, nos interesamos más y pensamos más en una unidad.
Porque viajar es también estar entre personas con otras formas de vida y eso implica adaptarnos a su cultura y aceptar las diferencias. Esto a la vez, puede despertarnos una mirada de unión y de compasión hacia otros países, que nos da ganas de borrar todas esas fronteras. Ese sentimiento también nos enriquece porque nos vuelve más solidarios y compasivos. Por eso hay tantos viajeros que terminan parando en otros lugares a realizar diferentes voluntariados, y eso para mi, vale más que cualquier otra cosa material que podamos comprar.

voluntariado3Fotografía: https://eternomade.wordpress.com/2012/10/15/destinos-solidarios-para-viajerosactivos/)

4) Porque pasamos más momentos dedicados a descubrirnos.
Al movernos a otros lugares, claramente nuestra vida ya no está como siempre, las cosas dejan de estar en donde estamos acostumbrados que estén. Tu hogar puede ser un Hostel, una carpa, una casa de familia o hasta un Bus; la comida puede ser picante, muy básica, o muy rara. La gente es distinta, y los lugares son desconocidos. Nos tenemos que adaptar por fuera de nuestra zona de confort y ahí comenzamos a conocer otras partes de nuestra personalidad.
Por esto es una gran forma de conocerse más, tener mayor confianza en uno mismo, y la sabiduría de aprender a estar solo. Y eso es algo que nadie te puede quitar, por eso vale más que cualquier objeto material que se pueda comprar.

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5) Porque no cumplimos ningún rol y nos mostramos más transparentes.
A veces cuando viajamos empezamos a darnos cuenta de que no nos gusta lo mismo que a los demás. Que nos queremos afianzar más a nuestras pasiones y que queremos seguir nuestros sueños. Viajar nos ayuda a liberarnos más, a soltar la imaginación y desestructurarnos, volvernos un poco más locos y creer que podemos conquistar el mundo. Aunque sea un ratito. Y lo mejor de todo, es que no sos solo tu con la mochila el que va rumbo a eso, si no que puedo asegurarte que en solo un día podés hacer un gran amigo que busca lo mismo que vos – y tal vez ni hablen el mismo idioma -. En Serena Blues Hostel recuerdo un día que un inglés y un argentino fueron durante un día entero a andar en bicicleta y se hicieron grandes amigos – aunque el argentino apenas hablaba un “hello” y el inglés apenas un “hola”.
Apreciamos gestos muy básicos como una charla, o compartir con alguien una comida, o un camino hacia algún lugar. Porque confiamos en esa persona aunque no la conocemos, y eso nos hace un poco más humanos. Esas personas tampoco esperan nada de nosotros ni nosotros de ellos, porque no hay roles que cumplir, y eso nos permite expresarnos más libremente, sin tener que “ser” nadie en particular, solo ser.

6) Porque es el mejor curriculum.
A quién no le gusta ver una fotografía de alguien en el medio de una montaña increíble mirando un atardecer sobre un lago en donde se reflejan los colores? O de alguien caminando en el medio del desierto con nada más que una mochila?
Es que lo que se aprende viajando por ciertos lugares no se aprende en ningún otro lado, y eso, forma parte de una experiencia única de nuestras vidas que habla de quiénes somos y de cómo nos paramos ante la vida. El viaje te da ideas, te renueva, te hace interesante, te culturiza, te da nuevos contactos, te cambia, te hace más fuerte y más abierto. Eso vale mucho. Estar lleno de experiencias y ser valiente ante los desafíos.
No hay nada más emocionante que hacer algo por primera vez, que animarse a algo y vencer los miedos, que sentirse más fuerte, o que reír sin parar, o que soñar despiertos maravillados ante un paisaje natural. Eso, es viajar. Invertir en tu alma, darle aventura y creatividad. Porque cada lugar o camino nuevo es una caricia al alma, y eso para mi, nuevamente, vale más que cualquier cosa material que podamos comprar.

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Fotografía en San Pedro de Atacama, Chile

7) En pocas palabras….porque nos ayuda a entender que todo es más simple de lo que parece.

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7 motivos para viajar en bus

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La aventura en Autobús:

La última vez que hice un viaje en Bus, recorrimos una gran porción de Latinoamérica (14.000 Kms).Y la verdad es que luego de ese intenso viaje, guardo una gran empatía por estos vehículos, y cada vez que veo uno pasar, me lleno de lindos recuerdos. Durante aquellos días, llegué a sentir en varias oportunidades, a este medio de transporte como mi propia casa. Pasamos muchas noches en bus porque los trayectos eran largos, y porque nos servía para ahorrar en estadía.

En aquel viaje, no siempre nos tocaron buses impecables, ya que atravesamos países como Bolivia, en donde muchas empresas no son muy atentas con el servicio. Pero aún así, la magia aventurera siempre estaba ahí presente. Cada vez que nos sentábamos en un nuevo Ómnibus rumbo hacia algún destino, sentíamos que nos reforzábamos como viajeros, y nos poníamos muy contentos de recorrer más tierra Latinoamericana.

Nunca voy a olvidar la combinación de esos cientos de paisajes pasando por mi ventana, con la música en mis oídos; me emocionaban constantemente. La ruta tiene cierta mística, de noche y de día. Ese momento de estar andando por rutas, lejos de todo lo cotidiano, resulta el lugar perfecto para reflexionar.

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Recuerdo aquellas noches viajando y mirando el cielo desde mi asiento, contemplando las estrellas y cuestionándome sobre mi vida, me encantaba como nada. Creo que lo que se piensa cuando se está allí, simplemente no se piensa en ningún otro lugar, hay que estar ahí para poder experimentarlo, en un viaje hacia algún destino lejano. Qué lindo era despertar con el rayito de sol entrando por la ventana y ver un paisaje completamente distinto al anterior; sentir la vibración de las ruedas sobre la carretera y comprender que seguíamos avanzando, me generaba mucha paz. También me gustaba ver lo que hacían los demás en la mañana, algunos leían un libro, otros dormían y otros desayunaban. Uno se sentía acompañado de esas personas, que viajaban con el mismo rumbo.

Viajar en bus me hacía fluir todo el tiempo por un estado de bienestar y motivación. El movimiento me hacía disfrutar completamente del presente, y me dejaba absorber por eso.

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Toda aquel recorrido me dió un gran panorama de nuestra Latino América, uno que nunca hubiera conseguido de otra forma; fue la experiencia de recorrerla por tierra lo que marcó la diferencia.

Viajar en Bus tiene grandes ventajas:
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Cuando se habla de las diferentes opciones de transporte a la hora de viajar, la gran mayoría prioriza viajar en avión, en tren, o en barco, y se suele catalogar al bus de incómodo, aburrido y lento. Pero para mí no es tan así; si es lento, pero eso no tiene porque ser algo necesariamente malo, de hecho, ese tiempo puede ser una gran inversión y el que le dé un gran valor agregado al viaje.

Lógicamente, para aquellos que tengan el tiempo contado, no será muy buena opción. Pero para los que cuenten con el tiempo necesario, el bus puede es la mejor opción, y acá van 7 razones de por qué:

1)Asimilación de la cultura:

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factores más importantes para conocer un país y su cultura, es la observación. No tanto por fotos o videos, si no estando ahí presente. Viajar en Bus le da un plus muy especial a ese análisis visual que cada viajero hace. Porque uno no se pierde de absolutamente nada viajando en este transporte: el tipo de caminos, la vestimenta de la gente, las afueras de la ciudad, la tonalidad de colores de la tierra, la arquitectura, los animales, la forma de vida, el tipo de vehículos, los pueblos, las aves, los cielos, las montañas, etc.

Algo que viajando en avión es más complicado, donde se llega directamente a una ciudad principal y la visión de la cultura es bastante más limitada que viniendo desde la frontera por vías terrestres.

Por esto yo creo que el tiempo en ruta es siempre enriquecedor y una gran fuente de aprendizaje.

2) Economía:

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La palabra Omnibus (Autobús) en latín significa: “para todos”. Desde su creación el bus fue planteado como un transporte económico y compartido.

En la mayoría de los países del mundo, el autobús es mucho más económico que los demás medios de transporte. A nivel global, comparándolo con el auto, o los aviones, llega a ser hasta un 60% más económico.

Hay muchos países en donde el tren es más económico pero no cubre la misma variedad de destinos que los buses, y es más complicado de conseguir lugar.

Otra ventaja de los buses es qué sus precios son muchos más estables que los del avión, que varían en función de la demanda.

3) Desconexión total:

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A veces un viaje es la excusa perfecta para desconectarse de todo, hasta del celular. Cuando estás en un autobús las posibilidades de entretenimiento son más limitadas que estando en casa, y las únicas opciones que hay al alcance del viajero para pasar el rato son actividades muy sanas como: Leer un libro, conocer a alguien, relajarse, mirar los paisajes, escuchar música, jugar a las cartas, conversar sobre algo, escribir o dibujar.

En nuestro caso, cuando viajamos por Latinoamérica, decidimos no tener celular, ya que nos pareció que una de las ideas de ese viaje era salirse de todo lo habitual. De qué nos servía enterarnos de las cosas habituales que pasaban en casa?

*Esto no quiere decir que esté mal tener un celular para estar registrando el viaje y estar en contacto, cada uno tiene su forma de viajar.

4) Inspiración:

Como dije anteriormente, las cosas que pensás cuando estás viajando en bus, son realmente difíciles de concebir en otro momento. O por lo menos en mi caso personal; creo que se genera una especie de romanticismo entre el viajero y la ruta, que hace que este disfrute del viaje tanto como del destino. La variedad de paisajes que aparecen por la ventana es uno de los componentes más importantes. No hay nada mejor que empezar un nuevo día yendo hacia alguna ciudad desconocida, explorando, conociendo. Lo encuentro un momento muy particular que me genera mucha satisfacción.

5) Seguridad:

Debido a su tamaño, sus sistemas antivuelco, las restricciones en el límite de velocidad, las inspecciones, el monitoreo satelital y sus conductores calificados, los autobuses son considerados el transporte más seguro en la ruta. Es el medio de transporte terrestre que más desciende a nivel mundial en sus índices de víctimas de accidente.

6) Comodidad:

Los buses de hoy en día ya no son lo que eran antes, son cada vez más tecnológicos y minimalistas, e incluyen nuevos servicios e infraestructuras que los hacen mucho más cómodos.

-Casi todas las empresas tienen “bus cama” en donde los asientos son realmente espaciosos y reclinables hasta 180°.

-En la actualidad, los gigantes de la ruta cuentan con más servicios: Wi-fi, aire acondicionado, pantallas en los asientos y hasta tomacorrientes para cargar aparatos electrónicos.

-Ya no más largas filas en terminales, casi todas las empresas de Ómnibus tienen sus plataformas online para poder reservar desde tu computadora o celular en unos minutos.

-No hay un límite de equipaje tan estricto como en los aviones.

-Las terminales de buses siempre se encuentran en zonas céntricas de las ciudades, lo que hace más accesible, tanto la llegada como la partida.

-Puntualidad. Los buses casi siempre cumplen con los horarios establecidos de llegada y partida.

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7) Versatilidad:

Un pasaje de bus puede comprarse a último momento gracias a su gran disponibilidad horaria (mañana, tarde y noche) y a su periodicidad. En caso de perder un coche, siempre está la posibilidad de tomar el siguiente.

En las fechas de mayor demanda las compañías siempre disponen de más vehículos para los diferentes trayectos

Son sin duda la mejor opción para viajes desestructurados e improvisados.

Por último, les dejo un relato que escribí después de un viaje en Bus:

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Una noche en solitario por la ruta:

Son las 22 en punto y hace un poco de frío, estoy parado al lado del coche que me toca hoy, en el andén veintitrés de esta terminal. —Uno de los tripulantes vuelve a repetir— “¿alguien más para cargar equipaje?”. Cerca mío, algunos están fumando un cigarro antes de subir, y otros están conversando; yo simplemente estoy contemplando esta ciudad por última vez. Fueron pocos, pero muy lindos días—pensé— ahora toca continuar el viaje.

Vengo siguiendo a mi instinto día a día, y finalmente estoy fluyendo por un incesante estado de bienestar y motivación. Todo fue gracias a esta aventura. Ya no pienso en el pasado ni en el futuro, el movimiento me mantiene en el presente y me dejo absorber por eso, me hace bien, me siento más vivo que nunca, y no paro de repetirme: “viajar por tierra es un constante aprendizaje”.

Un señor de camisa blanca y corbata azul cortó mi ticket y me invitó a pasar. Arriba, veo el pasillo iluminado hasta el fondo y algunas personas que ya están sentadas prontas para viajar. Una señora en primera fila mira a la gente despedirse por la ventana; veo otras cabezas sobresalir por la línea de los asientos. Entonces, camino hacia mi asiento; algunos me observan, otros me saludan con un leve asentamiento.

Me siento contra la ventana, abro las cortinas y tanteo con mi mano los comandos del techo; todo funciona bien, me pongo cómodo. Me relajo con la vibración del motor, las tenues luces y mi asiento suave y acolchonado.

Empiezan a entrar más personas, siento un efecto de comunidad, ya no estoy tan solo — pensé ahora. Los veo entrar de frente, con sus diversas edades y situaciones; me imagino por un segundo la vida de cada uno de ellos. Qué bueno aquel que viene con una guitarra en el hombro, sonriendo! —pensé. En este preciso momento, en este bus, se crea un pequeño mundillo al azar—pensé— y es único!

Siento algunas voces en distintos idiomas, unos chicos conversando en inglés, y alguien que habla por celular con acento italiano. Ahora estoy más comodo aún.

Miro por la ventana y veo todo tipo de viajeros caminando hacia sus buses, algunos con mochilas, otros con bolsos, algunos solos, otros acompañados; allá a lo lejos viene uno arrastrando una valija pesada. Hacia donde irán? —me pregunté— Que historia de vida tendrán? Se parecerá en algo a lo que estoy viviendo yo?

Gradualmente empiezo a escuchar la voz del chofer que se acerca, mientras termina una conversación a las risas. Lo estoy escuchando subir ahora mismo, creo que ya se sentó. Escucho que cierran la bodega del costado. Se acerca el momento de partir.

Entonces, una pequeña inquietud me sube por el pecho y me invade una sensación de nostalgia. Un montón de imágenes vienen a mi cabeza: los días que viví en esta ciudad que estoy a punto de abandonar, las personas con las que compartí momentos, lugares que me dejaron algo, situaciones que me hicieron más fuerte. “Es el bus, el que marca el comienzo, y también el que marca el final” —pensé muy seriamente.

—Entonces seguí analizando y me dije— a partir de que este bus se mueva, se cierra una puerta y se abre otra. Y eso es lo mejor de los días que uno está de viaje, todo el tiempo se cierran ciclos para darle lugar a uno nuevo, y se hacen notar, eso le da un gran encanto a viajar.

Entonces, aceleró marcha atrás.

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